
A MIS CANTARES
Por: Lola Rodríguez de Tió (1843- 1924)
Dulces cantares del pueblo!
Cantarcitos de mi patria!
En vosotros vierto yo,
Mis alegrías, mis lágrimas.
Que gran influencia ejercen
Los cantares en mi alma
Ya me anuncien desengaños,
Ya me anuncien esperanzas!
Los cantarcitos me alivian
Y mis sufrimientos calman,
Porque nunca me abandonan,
Porque siempre me acompañan.
Esté triste o esté alegre
Mis sentimientos retratan,
Que ellos son los compañeros
De mi dicha o mi desgracia.
Cantarcitos de mi pueblo!
Cantarcitos de mi alma!
Vosotros sois los heraldos
De las épocas pasadas.
En vosotros se conser va
Esa tradición sagrada,
Que no se pierde el recuerdo
Cuando en vosotros se guarda.
Por eso es que tanto quiero
Los cantares de mi patria,
Ya me anuncien desengafios!
Ya me anuncien esperanzas!
EL PUERTORRIQUEÑO
Por: Manuel A. Alonso (1822- 1889)
Color moreno, frente despejada,
Mirar lánguido, altivo y penetrante,
La barba negra, pálido el semblante,
Rostro enjuto, nariz proporcionada,
Mediana talla, marcha compasada;
El alma de ilusiones anhelante,
Agudo ingenio, libre y arrogante,
Pensar inquieto, mente acalorada,
Humano, afable, justo, dadivoso,
En empresas de amor siempre variable,
Tras la gloria y placer siempre afanoso,
Y en amor a su patria insuperable:
Este es, a no dudarlo, fiel diseño
Para copiar un buen puertorriqueño.

EL CAFETAL
Por: Virgilio Dávila (1869- 1943)
En el monte riqueño de la base a la cumbre,
las eurítmicas copas de las guavas se ven,
y debajo de ellas, cual soldados en filas,
los preciosos arbustos del precioso café.
Los arbustos florecen, y las albas corolas
a los ojos simulan del que ve el cafetal,
mariposas enfermas, si en el suelo han caído,
estrellitas de nieve, si en las ramas están.
Se hacen frutos las flores, y las bayas jugosas
a los ojos simulan del felíz labrador,
esmeraldas joyantes, las que verdes se encuentran,
y joyantes rubíes, las que están en sazón.
En el monte riqueño, de la base a la cumbre,
las eurítmicas copas de las guavas se ven,
y debajo de ellas, cual soldados en filas,
los preciosos arbustos del precioso café.
Es la tropa bizarra que se apresta a la lucha
para dar a Borinquen bienestar y esplendor,
escalando los muros de la gran fortaleza
donde el oro domina con su brillo de sol.
PARA ESCRIBIR ESTE POEMA
Por: Rosario Ferré (1938-2016)
Para escribir este poema
¡Oh musa! yo te juro
Que se acumulará el polvo en los sillones.
Que los calderos ocultarán su bochorno
Al fondo de la olla.
Que el asado se carbonizará en el horno
y los cubiertos amortiguarán su tintineo
sobre el mantel de hilo de la mesa.
Que las papas multiplicarán sus rizomas
y los tomates se pudrirán en la heladera.
Que el caos de ropa sucia acumulará
su túmulo de fantasmas anudados
al fondo de la pileta del lavadero.
Que el timbre se hundirá en el marco de la puerta
y el teléfono sonará con una rabia larga
sin que nadie conteste.
Pero sobre todo ¡Oh musa!
te prometo
que la noche sostendrá mi cerebro entre sus manos
como una flor que se abre al universo.




