
Carta al hermano ateo:
El desafío, la apuesta…
La Oportunidad
Redacción Nueva Isla
Vamos a hablar de algo conocido a cabalidad por quien lo redactó, porque de ahí venimos.
El ateo, generalmente es una persona inteligente que solo acepta como cierto aquello que pueda palpar mediante sus sentidos o que sea probado mediante métodos científicos.
En muchos casos, el ateo proviene de familias, entornos y enseñanzas cristianas, pero no encontró respuesta a sus interrogantes en ellas. A veces sintió rechazo por parte de círculos cristianos o no encontró cabida dentro de las exigencias religiosas.
De igual manera, por observación y deducción, concluyó que es imposible que pueda existir un Dios creador, omnipresente, benevolente y misericordioso que permita el dolor, enfermedad, sufrimiento, maltrato, abuso, guerras, genocidios y asesinatos, atribuyéndole a esta situación el más claro ejemplo de la inexistencia de Dios.
Bien sea como producto de la frustración en obtener una respuesta o una prueba concreta que satisfaga sus sentidos (vista, tacto, olfato y audición), su razonamiento o intelecto, el ateo no tan solo descarta la posibilidad de la existencia de Dios, sino que ve como débiles y con vanas ataduras a aquellos que en ÉL creen.
El ateo descarta la fe como algo en lo que se pueda confiar, pero tiene fe en que Dios no existe.
Sin darse cuenta, el hermano ateo vive preso en el alcance de sus sentidos, razonamiento e inteligencia y no da paso al reto que conlleva escudriñar, libre de prejuicios, la palabra escrita y demostrar en ella la inexistencia de Dios.
Para el ateo, los límites del mundo, el universo y la existencia, se limitan a lo que pueda alcanzar con su conocimiento o lo que la ciencia, de manera empírica pueda demostrarle.
Muchas veces el ateo desconoce o se priva de hacerse la pregunta y buscar la respuesta de cómo la Biblia, un libro escrito hace miles de años atrás, habla de ondas, de la redondez de la tierra, del peso del aire, del calentamiento global en nuestros tiempos y otros términos de corte científico. Prefiere ensalzar a Galileo, leer a Descartes, darle crédito a Nostradamus y confiar su vida a los científicos.
El ateo no cree en Dios, porque no lo ve, pero muchas veces sí cree en sus percepciones, en filosofías e ideologías, y hasta en eventos paranormales, en inclusive en ciclos cósmicos, de reencarnación, etc., para lo cual es necesario trascender a esta vida para continuar siendo.
De una cosa parece estar claro el ateo y es en su negación del concepto deidad, el cual asocia con algo primitivo y sin fundamento.
El ateo cree en el propio poder del ser humano, y se proyecta fuerte y seguro. Le atribuye poderes increíbles a la mente y la ciencia, con la cual justifica cualquier evento denominado milagro, sin darse cuenta que ese es un principio de fe, aunque no en Dios, sino en si mismo o en otros factores que responden a su lógica.

¿Qué tema en el mundo es más intenso, antiguo y controversial que la existencia de Dios?¿Un debate de tal magnitud por algo que no existe?¿Pero en verdad no existe?
Como mencionamos, muchos ateos no creen en Dios, pero creen en el espíritu, en una rencarnación o en una energía encapsulada en su cuerpo, que se libera y no se pierde en el momento de la muerte. Creen en algo, más allá de esta vida y de sí mismos, y eso es un principio de fe. Si a eso le añadieran un orden, una estructura, un fundamento, se acercarían cada vez más a los umbrales de Dios, porque Dios y su reino espiritual, en otra dimensión de vida en abundancia, se basa en eso: Orden, estructura y fundamento, sumado a poder absoluto, sabiduría, amor, misericordia y eternidad.
La fe en el contexto bíblico, en ese libro que para algunos es obsoleto o hecho para tontos y mediocres, se define como: «La certeza de lo que se espera; la convicción de lo que no se ve», Hebreos 11:1
Los ateos tienen fe en que Dios no existe, y hacen la apuesta más arriesgada que un ser humano pueda hacer, la que no harían en una mesa de juego o en un deporte que practiquen: Apostar su vida y la de sus seres queridos, todo a cambio de nada.
Si Dios, el mismo que la Biblia asegura que abrió el mar en dos, permitiendo el paso de su pueblo, y lo mantuvo con sombra, agua y comida durante 40 años vagando por el desierto, existe, y usted simplemente cree que existe, que es el primer paso en esa relación real, tendrá la oportunidad de una vida mucho mejor en la tierra, así como placentera, perfecta y eterna después de la muerte. Es una promesa de Dios y está contenida en la Biblia.
Es bastante sencillo: Si no existiera Dios, y usted amigo ateo creyera que existe, usted no perderá nada, porque al final del camino, el cristianismo lo que presenta son postulados, que incluso en lo social, ofrecen una mejor calidad de vida personal, familiar y comunitaria.
Pero piense bien: Si Dios existe como en efecto es, y usted ha dedicado parte de su vida, no tan solo en negarlo, sino en sembrar la duda entre sus amigos y familiares, para que se unan a su creencia, llamando hasta tontos a los cristianos, usted lo pierde todo, pierde toda posibilidad de lo que ofrece simplemente creer en Dios. Usted morirá, como todo ser humano, y su muerte será para siempre, sin más oportunidad ni trascendencia.
Si usted es ateo, como muchos lo fuimos, tiene aún tiempo de salvar lo último que le quedará en la mesa antes de su último suspiro, que no sabe si es hoy, mañana o cuándo: La Oportunidad.
Una posibilidad de una vida después de la muerte, en una dimensión muy distinta a la carne y materia que usted conoce. El reino de Dios, el que anunció Jesús, no está sujeto a la materia de la manera que usted la conoce.
Mejorar sus posibilidades y hacer una apuesta de vida eterna para usted y los seres que ama y que confían en usted, para nada es mala idea, sino un cambio radical de paradigma, con una guía, un camino, una certeza y un resultado concreto y definido.
Haga una apuesta en donde pueda ganarlo todo, sin perder nada, y no perderlo todo por nada.
A Dios, usted no lo podrá tocar, pero lo podrá sentir. Dios está ahí, presente, y tiene grandes cosas para usted y su familia. Cosas que este mundo, las riquezas y placeres mundanales, no alcanzan ni pueden ofrecerle. Dése la oportunidad de conocerlo.
Extienda su mano y disfrute de una relación personal con un Dios vivo, real y universal. Un Dios poderoso, restaurador, milagroso, trascendental, maravilloso… que nada tiene que ver con el fanatismo religioso que puedan exhibir o profesar algunos hombres y mujeres.
El fanatismo no forma parte de la definición ni el carácter de Dios. Y la entrega a Dios no representa fanatismo, ni ausentarse de muchas cosas hermosas que existen en este mundo y que son parte de las maravillas creadas por Dios para nosotros.

Dios no crea robots como hacen los humanos
Cuando se cuestiona cómo es posible que Dios permita crímenes, guerras y dolor en la tierra, y que se utilice como evidencia de su inexistencia o de su carácter injusto, la respuesta y reflexión obligada está en el otorgamiento de autonomía y libre poder decisional que Dios otorgó al hombre y a la mujer sobre sus actuaciones. Algo a lo que se le denomina libre albedrío y de la misma manera se estipuló el precio y consecuencia del pecado: muerte eterna. (Romanos 6:23)
Dios no creó robots a la usanza del ser humano, ni controla las decisiones de cada uno de nosotros.
El tiempo y la vida humana no es el tiempo y la vida de Dios, toda vez que Dios y los millones de ángeles que forman su reino, son eternos y la muerte a la que tanto le teme la inmensa mayoría de los seres humanos es solo un umbral, una puerta de entrada a uno u otro estatus: vida eterna o muerte eterna. Tan sencillo como eso.
Por tal razón es que es tan importante la preparación del ser humano en este proceso de vida para ese proceso de transición, debido a que bajo su libre albedrío usted selecciona cuál sera su futuro, bien sea que fallezca en unas horas a causa de un resbalón en la ducha o a manos de un asesino o terrorista. Ambos serán juzgados conforme a la trayectoria de acciones incurridas bajo su poder decisional, lo mismo que los sacerdotes y pastores corruptos, no los genuinos servidores de Dios y obreros de su palabra, sino aquellos que utilizan de trampolín la palabra de Dios en la Biblia para manipulación, amasar fortunas y desviar fondos para sus intereses personales.
Todos seremos juzgados con el perfecto balance de mano dura, amor y misericordia, que solo la justicia de Dios puede impartir, y ese juicio se basará en nuestros actos, nuestro estatus de fe, nuestro legítimo arrepentimiento de nuestros errores o pecados, todo esto al amparo de nuestra relación con Dios y sus reglas para obtener el galardón de vida eterna, disponible para todos por igual. La muerte es ganancia para el cristiano.
NOTA: Esta sección es un remanso de paz, un espacio virtual para acercarnos a Dios. NO representa ni forma parte de NINGUNA IGLESIA O DENOMINACIÓN religiosa. No solicitamos ni aceptamos dinero. No buscamos reconocimiento personal.
Alabado sea el nombre de Dios. Toda la gloria y la honra sea para él.
