COLUMNA DE OPINIÓN
La corrupción nuestra
de cada día


lunes 9 de septiembre de 2024
El tema de la corrupción pública es un tabú en Puerto Rico. La política se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos de la actualidad. Se llega pobre a la política y se sale muy acomodado, y al menos no se regresa a la clase pobre otra vez.
Si un político pierde unas elecciones, seguro lo acomodan a “trabajar” con un sueldo, para nada malo, y que le permita vivir bien acomodado. Aún si su partido pierde, los suyos lo van a proteger y en algún lado lo acomodan. Lo mismo hacen con algún hijo vago o con su medio limón.
No hay que ir a Harvard, para hacer este análisis. Basta con evaluar livianamente el antes y el después de algún político que usted conozca. Verá, que el antes y el después es económicamente muy distinto, siendo el después económicamente hablando, mucho más acomodado.
¡Claro que hay excepciones! las menos, las muy escasas y por lo general, la de los partidos de menor participación electoral.
Recuerdo un decir pueblerino de hace varias décadas que decía que los populares, como ganaban siempre, robaban, pero dejaban, y por el contrario, los penepes tenían que avanzar a robar por si acaso perdían, ya que para entonces no ganaban elecciones consecutivas.
En esos tiempos, el PPD, era la verdadera fuerza política del país, ganaran o perdieran las elecciones.
Para aquella época, nuestros destinos comenzaron a cambiar y hoy día el poder político de los azules es incuestionable. Tienen el poder de las tres ramas políticas del país, ejecutivo y judicial y si no dominan la legislatura, son la ficha del tranque, por lo que también representan el poder en esa rama.
El delicado asunto de la privatización, que con frecuencia pensamos que es la última solución, termina convirtiéndose en la pesadilla para el pueblo.
¿No lo creen?, pues solo voy a mencionar a LUMA y sus compinches, a Carreteras y Transportación, y los Departamentos de Familia y Educación, que todo lo privatizan, corre el dinero en cascadas, sin freno, y a fin de cuentas, empeoran los servicios.
Y no voy a mencionar el Departamento de Salud, porque hasta yo me ofendo en ese tema.
Entonces, ¿cuál ha sido el «beneficio» del pueblo? Más que beneficios, vemos los resultados: Más impuestos, peores servicios, más ricos de los partidos y el pueblo, pues ¡muy bien gracias!
Aclaro que somos una sociedad que vamos a la escuela, pero no nos educamos, pasamos por la universidad, pero no tenemos análisis crítico. Tenemos Doctorados, pero no cambiamos el país. Vivimos una democracia, pero somos esclavos de los mismos mayordomos y hacendados. ¿Dónde está la movilidad social? Pues muy fácil: en una teta política. Tratas de educarte para bien y sin esa teta, los «fast foods”, te esperan.
Tengo amigos que no me leen, porque dicen que mis escritos son muy largos. Esos nunca leyeron ni “El Quijote” ni aquella novela que decía: “En un pueblito llamado Macondo…”.
Y es que un pueblo que va a la escuela, pero que no se educa es muy fácil de coger de pendejos.
Ya lo dijo un filósofo de aquí, ¡cogemos de pendejos hasta a los de nuestro partido!
Así las cosas, quien tenga un verdadero deseo de aportar a la sociedad, a la patria aclaro yo, va a tener un camino muy escarpado para tratar de llegar a aportar.
Un viejo ex alcalde del Noroeste, decía que “se gana con los votos de los pobres y los chavos de los ricos”, y como decía Cantinflas: “Ahí es que está el detalle”.
Y claro que los ricos auspician las campañas políticas, e independientemente de la riqueza bien habida, tenemos en la ecuación que mientras más corrupción hay, mayor será la aportación a esas campañas políticas. ¿O usted cree que recaudar millones de dólares, es porque el candidato es lindo, flaco o inteligente? Pregunten a Juan Dalmau, tiene todas las anteriores, pero no ha recaudado ni en sueños esas cuantías.
Los grandes recaudos de campaña, están estrechamente vinculados con «una sola cruz», perdón cosa, con contratos, favores, permisos, batateros e inversión política.
Como abogado (conste, soy estadista, pero del ala nacionalista), he tenido que escuchar múltiples historias de terror de corrupción pública. Y es que, cuando las tres letras le citan para un gran jurado, se acaba el Pepto Bismol en los estantes de la farmacias. Pero tampoco aprendemos, y al final del camino va a la cárcel el menos malo o el más bruto en el esquema.
La corrupción pública, cubre también a los contratistas, los viejos en ese negocio y los nuevos, que cada cuatrienio entran a ser parte del guiso de este nuevo «emprendimiento».
En este país somos tan “nice” que vivimos con el himno de que “ todos roban por igual”, y tenga muy claro que soy un pequeño capitalista, pero uno con calidad humana y no del canibalismo, que arrasa todo, sin reservas ni responsabilidad por las consecuencias de esos actos.
Dicho esto, volvamos a la corrupción nuestra de cada día. Cada vez que en el gobierno se hace un contrato, hay alguien o algunos que pasarán el “cepillo”, como en la iglesia. Y hoy día es más moderno, porque ya eso del 10%, es cosa del pasado. Hoy es 15, 20 y puede llegar al 30%, de la aportación, o que un político pida participación en su negocio o empresa, para que se haga realidad el contratito que le cambiará su vida, y ayudará en la de él, o el trabajito para su hijo, su media naranja o con quien comparte sábanas de cuando en vez y a escondidas.
Debo indicar que existen excepciones, pero hoy día son escasas.
Nada tengo contra aquellos servidores públicos que llegaron y se han quedado picando piedra aún ante tantas injusticias y pasadas de rolo.
Y mucha gente va a leer este escrito y los que lleguen al final posiblemente van a concurrir conmigo. Políticos conocidos pensarán en mi sepelio, pero a fin de cuentas ¿cuál es la solución?
El mundo está cambiando aceleradamente. Ya EE.UU., no le mete las cabras al corral a otros países prósperos del mundo, que parece se han cansado de la corrupción.
Los fantasmas del comunismo y el socialismo asusta hoy menos que “Beattejuice” el día de las brujas.
Y no se deje coger de “pensuaco”, como dice Jay, por las censuras en las comunicaciones. Cuando un político lo bendice, o le habla en nombre de Dios, prenda luz roja, porque eso le toca a los religiosos. Y cuidado con esos también que hablan de Jesús, pero viven como Pilatos. Busque de donde salió, su historia y sus raíces, y se va a sorprender.
Para finalizar, aquí no se enjuicia a ningún político a menos que los Federicos metan la cuchara. Y aún así en menos de 5 años están nuevamente en el guiso político.
¿Recuerdan aquel secretario de Educación que tenía la caja registradora del PNP? No era de Fajardo, solo que ese era su apellido. Ocho años de cárcel y un premio de $2,000.00 mensuales de por vida, porque su pensión era solo $8,000 y un poquito más.
O sea, que salió de la cárcel y siguió viviendo su estilo de vida acomodado a costillas del pueblo que traicionó.
Coño, yo le hubiese quitado al menos la mitad de esa pensión residual. Es más, le hubiese puesto la misma que la de un maestro jubilado con 30 años de servicios. A ver si por fin damos un ejemplo fuerte y le cogen miedo, quizás un poco a la corrupción.
Olvídese del Tío Pelucas, si usted cree que la legislatura va a amarrarse los “underwear” (por aquello de ser inclusivo). La legislatura no se va a dar un tiro en el pie.
Sobre ese tema les explico: Justicia está dirigido por un secretario que a su vez es nombrado por el Gobernador de turno y confirmado por el Senado, también de turno.
Las investigaciones le llegan al secretario o al jefe de la policía, que también es una persona de confianza del Gobe. Ese mismo gobernador, que necesita a su gente de confianza, a los alcaldes de su partido y obvio, a los empresarios que financian las campañas.
Por lo general se filtra la información, los nombres y los hechos.
Como esos procedimientos toman tiempo, pues los aludidos se preparan, destruyen pruebas, compran testigos o los desaparecen del panorama. Entonces, surge la matemática de primer grado: No testigos, no prueba pues es igual a no radicación de caso. ¿Es eso difícil de entender? ¿Hay que graduarse de Harvard?
¡Claro que no! Solo se necesita sentido común y compromiso. Claro que un solo legislador no puede cambiar eso. Pero somos nosotros los que los elegimos como el papagayo, creyendo los embustes de campaña, del mejor de los emprendimientos actuales.
Poca inversión económica, poco tiempo invertido en campañas y un mar de posibilidades de prosperidad. Ponga un negocio de vender pinchos o bizcochos y entenderá lo que explico. Mientras el pueblo que se Jod… ¡Dios nos coja confesados!
El autor es abogado litigante por más de 25 años, analista y conferenciante.


