Científicos confirman

el Nanotyrannus no era

un Tyrannosaurus rex joven

Concluye un debate científico de 83 años

dinosaurio Nanotyrannus

Redacción Nueva Isla

martes 4 de noviembre de 2025

Un estudio recién publicado en la revista Nature ha resuelto una de las controversias más prolongadas de la paleontología: el enigmático Nanotyrannus no era un Tyrannosaurus rex juvenil, sino una especie independiente que habitó en el Cretácico tardío.

Desde el hallazgo de un cráneo en 1942, los científicos debatían si se trataba de un T. rex joven o de un nuevo depredador. Posteriormente en 2006 apareció otro fósil en la formación Hell Creek (Montana), conocido como los “dinosaurios en duelo”, que presentaba a un triceratops y lo que parecía un pequeño tiranosaurio en una lucha cuando los sorprendió la muerte.

Los dientes incrustados en el tejido blando de su oponente mucho más grande, denotaban su comportamiento depredador, y lo que parecían extensas impresiones de piel escamosa similares a las encontradas en algunos ejemplares de Tyrannosaurus, reforzaban la teoría.

Nombrado oficialmente Nanotyrannus lancensis en 1988, su identidad fue puesta en duda durante décadas, bajo la suposición de que las diferencias observadas —tamaño menor, proporciones más esbeltas— respondían simplemente a la juventud del animal.

dinosaurio Nanotyrannus2

Sin embargo, el nuevo análisis desmonta esa hipótesis. Los investigadores, tras examinar huesos y estructuras internas, concluyen que el ejemplar estudiado pertenecía a un individuo adulto de unos 20 años, con rasgos anatómicos imposibles de atribuir a un T. rex joven. Entre ellos destacan brazos más largos, mayor número de dientes, un cráneo diferente y cavidades sinusales únicas, rasgos que no cambian con la edad y que marcan una divergencia evolutiva clara.

Mientras el Nanotyrannus adulto alcanzaba un peso estimado de hasta 2,650 libras, con hasta 18 pies de largo y hasta 6.5 pies de alto; un T. rex adulto alcanzaba un peso estimado de hasta 14,000 libras, con hasta 42 pies de largo y hasta 13 pies de alto.

El estudio de los anillos de crecimiento óseo del Nanotyrannus fue decisivo: el patrón microscópico mostró que el animal había alcanzado la madurez, descartando que estuviera aún en desarrollo. Su tamaño y peso, pese a su edad adulta, distaba absolutamente de la de un T. rex. Estaba claro: no era una versión juvenil del “rey de los dinosaurios”, sino una especie completamente distinta.

El hallazgo redefine el ecosistema del período cretácico norteamericano – que comenzó desde hace 145 millones de años y finalizó hace 66 millones de años – donde se pensaba que el T. rex dominaba en solitario, y ahora emerge un segundo gran depredador, más pequeño y veloz, que habría ocupado un nicho ecológico complementario.

Según los científicos, el Nanotyrannus cazaba presas menores o más ágiles, lo que evitaba la competencia directa con el T. rex, en una relación ecológica similar a la observada en Asia entre el Tarbosaurus y el Alioramus.

La investigación propone además una nueva clasificación evolutiva: los Nanotyrannidae, un linaje separado dentro de los tiranosaurios, posiblemente originado en el este de Norteamérica. Esto implica que otros fósiles atribuidos a T. rex juveniles podrían pertenecer a especies aún no descritas.

Uno de esos casos es el del famoso fósil “Jane”, descubierto en 2001. Antes considerado un T. rex adolescente, ahora ha sido reclasificado como Nanotyrannus lethaeus, una nueva especie dentro del mismo género. Esta reinterpretación sugiere que el final del Cretácico fue un período mucho más diverso y dinámico de lo que se pensaba, con varios depredadores coexistiendo en un equilibrio complejo.

Pese a la contundencia de la evidencia, algunos paleontólogos mantienen cautela, toda vez que como advierten la paleontología rara vez ofrece certezas absolutas: cada nuevo fósil puede reescribir lo que creemos saber. Aun así, el estudio establece una base sólida para repensar la evolución y la diversidad, más alla del dominio absoluto de los tiranosaurios.

Las implicaciones van más allá de la simple taxonomía. Muchos estudios sobre el crecimiento, la biología y el comportamiento del T. rex podrían haberse basado en fósiles mal identificados. Si parte del material analizado como “juvenil” pertenece en realidad a otras especies, buena parte de nuestra comprensión sobre el “rey de los dinosaurios” deberá revisarse.

Después de décadas de debate, Nanotyrannus emerge como un depredador ágil y especializado, con una historia evolutiva propia. Vivió junto al T. rex, pero no bajo su sombra. Este descubrimiento no solo reivindica su existencia, sino que amplía la imagen del último acto de la era mesozoica: un mundo donde la supremacía no pertenecía a un solo cazador, sino a toda una red de depredadores que compartían territorio, presas y destino antes de la gran extinción.

Accede aquí el estudio publicado en Nature

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