La tumba está vacía:
Cristo vence la muerte
y resucita al tercer día

Redacción Nueva Isla
domingo 5 de abril de 2026
No fue como lo habían planificado, sino como estaba escrito. De nada valió una guardia romana dispuesta frente a la tumba, para asegurar que no robaran el cuerpo de Jesús de Nazareth y le atribuyeran que se había levantado de entre los muertos.
«Al día siguiente, que es después de la preparación, se reunieron los principales sacerdotes y los fariseos ante Pilato, diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré.
Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos de noche, y lo hurten, y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos. Y será el postrer error peor que el primero.
Y Pilato les dijo: Ahí tenéis una guardia; id, aseguradlo como sabéis.
Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia», Mateo 27: 62-66
Pero ni la roca enorme, logró evitar y detener que Cristo se levantara y saliera de aquel sepulcro al tercer día, después de haber sido ejecutado vilmente el viernes.
«Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella.
Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve.
Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos». Mateo 28: 2-4
Desde el miércoles se habían precipitado los hechos históricos que dieron paso a la muerte de Jesús.
Cristo había sido traicionado, entregado a las autoridades eclesiásticas judías y militares romanas, «juzgado», encontrado culpable y condenado a muerte en la cruz.
Su cuerpo había sido mutilado, al punto de enterrarle una lanza en su costado para certificar su muerte.
Cristo fue sepultado en una tumba propiedad del adinerado comerciante de Jerusalen, José de Arimatea.
Su cuerpo reposó en el sepulcro, fuertemente custodiado, durante el séptimo día sábado, y resucitó en la madrugada del primer día de la semana, el domingo, según el calendario hebreo.
«El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro. Entonces corrió, y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que amaba Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto. Y salieron Pedro y el otro discípulo, y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Y bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí, pero no entró. Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí, y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó. Porque aún no habían entendido la Escritura, que era necesario que él resucitase de los muertos. Y volvieron los discípulos a los suyos». Juan 20: 1-10

Cristo resucitado se continuó apareciendo a los suyos, dejando no tan solo la evidencia del más grande de todos los milagros, que ya había practicado sobre tres personas a las que había levantado de la muerte en su peregrinar, sino ahora en él mismo se ejemplarizaba la mayor victoria y certeza de que la muerte no es el final para quien cree.
«Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios.
Yendo ella, lo hizo saber a los que habían estado con él, que estaban tristes y llorando.
Ellos, cuando oyeron que vivía, y que había sido visto por ella, no lo creyeron.
Pero después apareció en otra forma a dos de ellos que iban de camino, yendo al campo.
Ellos fueron y lo hicieron saber a los otros; y ni aun a ellos creyeron.
Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado.
Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.
El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado». Marcos 16: 9-16
Jesús permaneció en la tierra 40 días antes de ascender al cielo, al reino del Padre y donde prometió preparar morada para todos los que en el creemos y seguimos sus enseñanzas perseverando en la fe.
«En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros». Juan 14:2
Jesucristo regresará, de la misma manera como partió y cumplirá su promesa, la palabra de Dios escrita en la Biblia se cumplirá.
«Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.
Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos.
Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo». Hechos 1: 7-11
Cristo venció la muerte, resucitó y volverá, y nadie sea llamado a engaño, nadie podrá ocultar su venida: «He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén». Apocalipsis 1: 7




