HISTORIA Y CULTURA

Cuando Neptuno reinó

en la plaza de Mayagüez

Neptuno
foto articulo Javier Cesani Roman1c
lunes 27 de abril de 2026

Nunca imaginó el cacique Urayoán que en el medio de su batey se colocaría un dios ajeno, e inclusive pagano, hasta para el mismo Salcedo: el dios Neptuno.

Los decendientes de las primeras familias de Mayagüez relataban que la plaza fue en su origen el gran batey de Urayoán y que su casa luego fue la «Casa del rey» y ahora alcaldía. La iglesia, en su extremo opuesto, ocupó el espacio, donde ubicó la «casa de los espiritus» del behíque o chamán taíno.

Mayagüez significa tierra de muchas aguas, con varios ríos como el Guarabo (Añasco ), Yagüez, Guanajibo y hasta un río subterráneo, donde transcurre agua mineral del cerro de las Mesas.

La fundación de la villa en el 1760, respetó el espacio en tierra como centro del pueblo, el cual luego se pavimentó para servir como plaza de armas de tropas españolas en el 1836. Con un uso compartido como mercado de kioskos a cielo razo.

antigua plaza recreo

En el 1842 se le realizaron cambios forzados por los daños producidos por el Gran Fuego de 1841, pero no fue hasta 1883, cuando como ciudad cosmopolita se tornó en obligatoria su transformación a una plaza de recreo.

Esto trajo consigo el colocar un kiosko morisco, con una fuente de hierro coronada con un curioso dios, el dios Neptuno, quien fue dueño y señor de la plaza.

neptuno2 scaled

El origen de la compra de la estatua de Neptuno (arriba) se desconoce, especulando que debió haber sido fruto de una donación, como era uso y costumbre, ante la eterna falta de fondos de la corona para ese tipo de proyectos.

Sin embargo, la disputa en torno al desembarco del almirante Cristobal Colón, trajo consigo un desenlace menos favorable al dios de los mares. Hablamos de una controvertida investigacion histórica, a la cual se le atribuye una conclusión influenciada por alegada información incorrecta y debatible, la cual otorgó a Aguada el haber sido receptor de las 17 embarcaciones del almirante. De ahí se crea un monumento pagado por el gobierno insular, que por cosas del destino fue derrumbado por el terremoto.

La población Mayagüezana unió esfuerzos haciendo una gran recolecta pública, y mandaron a fundir en Barcelona la icónica e imponente estatua que permanece erguida en la actualidad y que aportó el nombre  a la plaza de recreo: la Plaza de Colón.

parque mayaguez

Esto provocó la mudanza de la antigua fuente, con su Neptuno, al hermoso parque Suau (arriba), frente al teatro municipal. Un recinto, al cual el público bautizó como «El bizcochón», debido a su elaborada ornamentación.

Sin embargo, el progreso llegó, dejando a su paso la cicatriz producida tras la mutilación de la mitad del parque, para dar paso a un moderno puente vehicular, al cual se le nombra como «El Viaducto».

La iniciativa no solo llevó a desmejorar una bella área residencial , sino a colocar en jaque el destino del dios y sus corrientes bajos sus pies, trayendo consigo el misterio de su desaparición de la ciudad.

Nadie conoce el destino final del dios Neptuno mayagüezano. Muchos creen que podría estar adornando algún jardín capitalino por conducto de algún antiguo contratista o cubierto por tierra y hierba en algún predio olvidado o peor aún, haber sido fundido sin consentimiento.

¿Pero por qué escogieron en el origen a Neptuno? Esa pregunta continúa siendo parte del debate histórico y la especulación. Puede que tenga su origen vinculado al de una ciudad conocida como la de las aguas puras . De igual manera, que haya sido escogida en honor a la traduccion taína del nombre de la ciudad; en la noción de un municipio con fronteras demarcadas por cuerpos de agua. Entonces allí estaría Neptuno, apuñando un tridente que simbolizaba sus tres grandes ríos.

Sin embargo, menos elaborada y compleja, surge la teoría de que simplemente un acaudalado terrateniente pudo haberla ordenado para su jardin y la donó en arrebato orgullo por la joven ciudad.

Su origen, trayectoria centenaria y paradero, forman un mozaico de antiguos relatos, ideas, preguntas y misterio, que dan rienda suelta a la imaginación.

Quizás algún día, las antiguas fotos trasciendan tiempo y distancia, y sean reconocidas en algún lugar o país vecino, permitiendo esclarecer el destino de aquel dios Neptuno que reinó en la plaza de Mayagüez.

El autor es historiador con sobre 20 años de experiencia en administración de museos, tales como: Museo Eugenio María de Hostos, Museo Casa Grande y Museo Pilar Defilló. Conferencista sobre la función de los museos en la sociedad y sobre la vida de Eugenio María de Hostos.

 

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