Descubren en Australia
huevos fósiles de cocodrilos
trepadores de árboles

Redacción Nueva Isla
jueves 20 de noviembre de 2025
Un equipo liderado por Mike Archer y Michael Stein, paleontólogo y paleoecólogo de la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW), con la colaboración de Xavier Panadès I Blas, del Instituto Catalán de Paleontología, describió en el Journal of Vertebrate Paleontology una nueva forma de huevo fósil: Wakkaoolithus godthelpi, bautizada en honor a la comunidad aborigen Wakka Wakka y al paleontólogo Henk Godthelp. Los hallazgos también fueron publicados en el Smithsonian Magazine.
Los fragmentos pertenecen a mekosuquinos, un linaje extinguido de cocodrilos muy distinto de sus parientes actuales, toda vez que lejos de ser exclusivamente acuáticos, algunas especies de este grupo habrían llevado un estilo de vida sorprendentemente terrestre, incluso arborícola, acechando desde los árboles a sus presas, como depredadores de emboscada.
Aunque los huevos hallados podrían corresponder a un género más primitivo, posiblemente Kambara, el registro fósil sugiere que especies posteriores, como Trilophosuchus, pudieron haberse adaptado a este comportamiento.
Los investigadores destacan que este tipo de estrategias habría sido viable en un ecosistema boscoso con menor competencia de grandes depredadores, donde los mekosuquinos ocupaban nichos hoy dominados por lagartos como los varanos. Sin embargo, lo más innovador del estudio radica en la información reproductiva que revelan las cáscaras fósiles, un recurso paleontológico hasta ahora poco explorado en cocodrilos.
El análisis microscópico indica que los huevos se depositaron en las orillas estacionales de un lago de agua dulce en un entorno selvático. La escasa degradación bacteriana sugiere periodos de sequía que habrían afectado a los nidos, revelando un ecosistema marcado por la alternancia de estaciones húmedas y secas.
Según la hipótesis del equipo, las hembras utilizaban este lago una vez al año para anidar y luego se internaban en el bosque, un comportamiento mucho más terrestre que el de los cocodrilos modernos.
Hace 55 millones de años, cuando estos animales habitaban la zona, Australia formaba parte del supercontinente Gondwana y albergaba una biodiversidad hoy perdida.
El yacimiento de Murgon es una ventana única a ese pasado, con fósiles de las ranas más antiguas del continente, serpientes tempranas, marsupiales arcaicos y aves cantoras primitivas. Los nuevos restos de huevo refuerzan la idea de un ecosistema exuberante y diverso.
Esta biodiversidad desapareció gradualmente conforme el continente se desplazó hacia el norte y el clima se volvió más árido. La pérdida de hábitats húmedos y la llegada de nuevos cocodrilos desde Asia hace 3.8 millones de años condujeron finalmente a la extinción de los mekosuquinos.
Los científicos subrayan que comprender cómo estas especies antiguas se adaptaron a cambios ambientales de manera dramática, tiene implicaciones para visualizar como hipotéticamente podrían enfrentar los desafíos actuales del cambio climático. Las cáscaras de huevo son una fuente de datos tan valiosa como los huesos o dientes, capaces de aportar claves sobre clima, comportamiento y evolución.
El estudio abre un nuevo camino en la paleontología y confirma que los yacimientos australianos aún guardan secretos capaces de reescribir la historia de la vida en la Tierra.




