Discurso incompleto

contra prohibición terapias

de género en menores

Lo que Víctor Ramos no les dice

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foto periodista JSG1

viernes 18 de julio de 2025

Durante la discusión del proyecto y después de la aprobación de la Ley 63, que prohíbe los tratamientos hormonales y las cirugías de afirmación de género a menores de edad, han surgido voces enmarcadas en el salubrismo y el activismo humanitario, alegando que la medida no está basada en criterios médicos, que es discriminatoria, que criminaliza a los padres y que podría aumentar los casos de salud mental en Puerto Rico.

Estas voces se hacen eco y se apoyan en las alegaciones del secretario de Salud, Víctor Ramos Otero, pediatra de profesión, quien alega que la legislación se produjo a la ligera, sin tomar en consideración la opinión de expertos, y se sostiene en su recomendación de permitir el uso de bloqueadores de pubertad y que quienes hayan comenzado la transición continúen el tratamiento.

Pero la realidad detrás de estas terapias, que muchas veces desembocan en cirugías, en medio de un lucrativo negocio de la industria médica, el cual iba creciendo como la espuma dentro y fuera de Puerto Rico, es muy distinta y menos llana que satisfacer la inclinación, preferencia o cómo se percibe un niño.

Antes de continuar esta nota, y para aquellos que no les gusta leer mucho, sino ir al grano, le adelantamos que hay vasta evidencia científica de alto riesgo de daño físico y mental producido por estas terapias y cirugías, así como abundan los casos de arrepentimiento de adultos jóvenes por este tipo de terapias y cirugías producidas en la niñez.

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La otra parte que Ramos y su eco de voces no te dicen:
Ya en junio de 2023, este medio NUEVA ISLA había publicado un reportaje investigativo sobre esta práctica, sus riesgos y efectos detrimentales sobre la salud de los menores, titulado: «Clínicas transgénero: Amenaza contra la salud y la niñez».

En dicho reportaje se señalaba: «Al parecer los términos inclusión, tolerancia y disforia, han llegado demasiado lejos, al aplicar tratamientos que dejan efectos de por vida en pacientes que no poseen la madurez emocional e intelectual para tomar decisiones sobre sus cuerpos».

También se mencionaba a organizaciones como la Heritage Foundation, la Family Policy Alliance y la Education First Alliance, entre otros, opuestos a esta práctica, la cual catalogan como una transgresión a la niñez y a la integridad física de éstos.

Los lucrativos tratamientos de género y posteriores cirugías en menores, son presentados por un sector como el pináculo de evolución científica y la «solución» médica contra la disforia.

Según la Clínica Mayo, disforia de género se define como: «Sensación de incomodidad o angustia que pueden sentir las personas, cuya identidad de género difiere del sexo asignado al nacer o de las características físicas relacionadas con el sexo».

Las terapias de género no se tratan de un mero tratamiento para la salud mental, sino de alterar o revertir, mediante la administración de hormonas, los procesos biológicos naturales en el desarrollo del individuo, a nivel metabólico, celular y sistémico.

Entre los efectos adversos más comunes se encuentran: cambios en la composición corporal, crecimiento lento, disminución de la velocidad de crecimiento y disminución del recambio óseo, entre otros.

Un informe de 400 páginas de 2025, producido por el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS), pone en relieve los efectos adversos sobre la salud física y mental de estos tratamientos y cirugías. El informe ha sido duramente criticado por el sector que favorece los mismos, por haber sido ordenado por la administración Trump y su visión sesgada sobre el tema, mientras otro sector científico y salubrista, que lleva años advirtiéndolo, lo ratifica.

Un estudio producido por el Departamento de Ciencias de la Salud de la Universidad de York, en Reino Unido, a cargo de la Dra. Jo Taylor y un equipo de doctores investigadores, concluyeron: «La salud ósea y la estatura pueden verse afectadas durante el tratamiento».

Lógicamente, en términos generales el modelo en la mente de un niño o una niña, inclusive en la de sus padres, es la de un adulto de sexo opuesto al de su nacimiento, en plena salud y desarrollo, hermoso y saludable. No un adulto mal desarrollado, con sinnúmero de padecimientos.

La industria médica y farmacéutica siempre tendrá una alternativa de tratamiento para esas complicaciones, así se trate de más cirugías y tratamientos de por vida; «servirles es un placer» y «los beneficios superan los riesgos», suele ser la consigna.

En nuestro pasado reportaje investigativo, con enlaces a los que pueden acceder, se hace referencia a diversos estudios de investigación de instituciones como: Boston Children’s Hospital; el Departamento de Pediatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard; el Departamento de Endocrinología Pediátrica del Centro Médico Universitario de Ámsterdam; la Escuela de Medicina Icahn de Mount Sinai, New York y la Facultad de Medicina de la Universidad de Emory, en Atlanta.

Todos estos estudios de investigación señalan y advierten sobre los riesgos y resultados de estos tratamientos, entre los cuales se encuentran: puntuaciones relativamente bajas de densidad mineral ósea en niñas, tanto al inicio, como después de tres años de tratamiento con estrógenos, algo que pudiera exponerlas a un mayor riesgo de fracturas a medida que envejecen; riesgo de alteraciones no deseadas en el crecimiento; problemas cardiovasculares, tromboembolismo venoso (TEV), accidente cerebrovascular isquémico e infarto de miocardio.

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Jóvenes arrepentidos: la otra cara del sufrimiento:
¿Cuántas veces usted como adulto no se ha arrepentido de decisiones tomadas? Ni preguntemos cuando era niño(a) o adolescente.

Los tratamientos de género son una modalidad, tendencia o «solución» relativamente nueva en la avenida, y aún no hay datos suficientes como para establecer conclusiones sólidas.

Al parecer, en el corto y mediano plazo, una mayoría de los receptores de estos métodos se muestran felices y sus padres o tutores satisfechos.
Sin embargo, ya comienzan a aflorar las historias de jóvenes arrepentidos de haberse sometido a estas «terapias». Una decisión cuyo peso recae en gran medida sobre sus padres o tutores.

Tal es el caso de la joven Layla Jane, quien demandó en el estado de California al Kaiser Foundation Hospital, así como a la psicóloga Susanne Watson, tras habérsele realizado a los 13 años una mastectomía y extirparle sus dos senos.

La joven alega que tanto ella como sus padres estaban confundidos y médicamente mal asesorados, cuando Jane, influenciada en las redes sociales, alegó percibirse como un niño y Watson, recomendó iniciar el tratamiento que desembocó en el procedimiento quirúrgico.

Otro caso fue el de Keira Bell en Reino Unido, quien recibió este tipo de terapia en en su adolescencia, que terminó en el quirófano, para transicionar de jovencita a jovencito.

Keira terminó arrepentida e igualmente demandó al equipo médico.

Así existen diversidad de historias de arrepentimiento, que podríamos enumerar, y tan solo una sería suficiente para inducir a la reflexión.

Una de las principales razones que le atribuyen, tanto los receptores arrepentidos, como los especialistas del comportamiento e investigadores, a la proliferación de este tipo de tendencia trans y estos procedimientos, es la confusión en los modelos a seguir durante la niñez, presión social y de grupo, la moda y las tendencias, así como diagnósticos de disforia de género equivocados o a la ligera.

Sea cual sea la razón, lo justo o razonable, es que usted tome una decisión de tal magnitud de manera informada como adulto, y no cuando era un niño o adolescente. Una decisión que puede ser irreversible y no necesariamente de manera favorable, efectiva y saludable, para toda la vida.

El autor es periodista acreditado por el Departamento de Estado de Puerto Rico

Miembro de la Asociación de Periodistas de Puerto Rico (ASPPRO)

Miembro de la Asociación Nacional de Periodistas Hispanos (NAHJ), Wa.DC

 

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