EDITORIAL
El efecto del pasado
«mea culpa» de Zuckerberg:
¿Y la prensa local cuándo?


lunes 2 de septiembre de 2024
Durante la última semana de agosto tomó relevancia y ocupó los titulares de los principales medios noticiosos del mundo, el «mea culpa» pronunciado por el CEO de Meta, empresa matriz de Facebook, Mark Zuckerberg, quien en una carta dirigida a la Cámara de Representantes de EE.UU., afirmó que durante la pasada plandemia cedió ante las presiones del gobierno de Biden, censurando contenido relacionado al tema de la salud y temas como los actos del hijo de Biden (Hunter) y otros, por lo cual alega estar arrepentido.
Con la frescura de cara que caracteríza a este tipo de criminal de alto perfil, uno de los hombres más poderosos del planeta pretende cubrirse el fondillo y despachar la cacería, persecución y violación de derechos más grande en la historia de EE.UU.
Zuckerberg teme las consecuencias de sus actos ante el avance del subcomité congresional republicano que investiga el origen y manejo de la pasada pandemia del COVID-19 y el daño de las vacunas sobre la población estadounidense.
Teme ser uno de los empalados, junto al Dr. Antony Fauci en la plaza pública, junto a una serie de nombres y personalidades de las más altas esferas que formaron parte de todo el andamiaje que ha producido millones de muertes y daño físico irreversible a los estadounidenses. Un exceso de muertes, una erosión inmunitaria y una sentencia sobre cada uno de los vacunados, quienes aún desconocen la información completa ni su oportunidad de buscar antídotos existentes contra la sustancia que les fue inoculada.
Zuckerberk silenció con una virulenta y aplastante censura a miles de periodistas y comunicadores serios; activistas en pro de los derechos civiles y humanos; pero sobre todo, a decenas de miles de médicos, científicos y enfermeras que se manifestaron, responsable y oportunamente, divulgando la verdad de esa sustancia experimental nunca antes probada en humanos.
En mi caso, como periodista, también fui uno de los muchos censurados, se me suspendió mi cuenta personal de Facebook en docenas de ocasiones por citar a médicos y estudios científicos, datos y entrevistas. Se nos canceló permanentemente la página de Facebook de este medio, con decenas de miles de seguidores, en un intento de invisibilizarnos, logrando únicamente que triplicáramos nuestro tráfico de lectores, los cuales entran directa y diariamente a nuestra plataforma a beneficiarse de nuestros contenidos, que cubren sin censura todos los ángulos de las noticias.
Zuckerberg estableció un eficiente esquema de censura sistemática y criminal desde 2020, impidiendo que la información correcta, salvadora de vidas y preservadora de la salud e integridad física, llegara a las masas, utilizando programación, algoritmos, inteligencia artificial y un ejército de gatilleros denominados «fact checkers», que determinaban que los datos absolutamente ciertos eran «desinformación y contenido falso».
Zuckerberg sabe que la sangre de víctimas inocentes llegó al río, y que con toda probabilidad es cuestión de tiempo y del resultado de las elecciones, para que se divulgue la horrorosa verdad y se dé comienzo a acusaciones y juicios en EE.UU.
El «mea culpa» de Zuckerberg no se da en un vacío, y es una decisión tan calculada, como desesperada, ante la enorme posibilidad de una victoria electoral de Donald Trump en las elecciones.
Hablamos del controvertido expresidente republicano, quien como hemos mencionado con datos y evidencia, también formó parte de la planificación y puesta en marcha del entuerto pandémico, y que se dispone a utilizar todo el andamiaje de política pública y ejecución de Biden, así como de tipos como Fauci y Zuckerberg, para una cacería y eliminación de adversarios políticos.
Mark se está montando en el tren del doble juego, con vías a una clemencia ejecutiva, en caso de una victoria de Trump.
Criollizando el tema y ampliando su dimensión, la pregunta es: ¿Cuándo los medios vaxinetas en Puerto Rico harán lo propio? ¿Cuándo le informarán al pueblo las toneladas de información y datos omitidos durante este oscuro período, en aras de su glotonería y afán de lucro, protegiendo a su cliente publicitario el gobierno y todos los beneficiados de la industria plandémica? ¿Cuándo?
¿Cuándo publicarán algunas de las decenas de miles de historias de víctimas de reacciones graves de estas vacunas? ¿Cuándo entrevistarán abiertamente y sin censura a algunos de las docenas de médicos especialistas puertorriqueños que han hablado claro advirtiendo a tiempo a la ciudadanía y por culpa de su censura, el pueblo no se enteró a mayor escala y se hundió en este macabro pantano?
Este periodista y NUEVAISLA.com sí lo hicimos, y estamos en record.
Informamos a miles de puertorriqueños, en medio de una batalla campal contra la censura, y salvamos vidas y salud de gente que advino en conocimiento de lo que estos medios le ocultaban.
Hablo de la inmensa mayoría de los medios de primera circulación en Puerto Rico, medios de prensa escrita, radio y televisión, que omitieron información, censuraron y le dieron la espalda a fuentes científicas, médicas, periodísticas, activistas y a víctimas de las vacunas, permitiendo la burla, estigmatización, discrimen y prejuicio sobre los que estaban informando la verdad corroborable a la luz de una vasta evidencia.
Aquí estamos, hablando claro y de frente, como desde el primer momento, cuando le advertimos a los medios de comunicación del país, que llegará el día de dar explicaciones al pueblo de Puerto Rico, sobre el daño que la negligente desinformación y la omisión de información hayan causado y puedan continuar causando.
Al fin y al cabo, estos medios son negocios privados, que pueden publicar y omitir lo que deseen, y proteger también los intereses de sus anunciantes y los suyos propios, con eso no hay problema, pero no se vengan a pintar como los defensores de la verdad, de los más altos estándares de la transparencia y a señalar como desinformación lo que se sostiene con datos empíricos y opinión pericial de expertos. Sobre todo, aquello que es parte de la noticia, como punto y contrapunto, y que mantuvieron y mantienen aún bajo un manto de omisión y censura.
El autor es periodista acreditado por el Departamento de Estado de Puerto Rico
Miembro de la Asociación de Periodistas de Puerto Rico (ASPPRO)
Miembro de la Asociación Nacional de Periodistas Hispanos (NAHJ), Wa.DC



