Estudio plantea diferencias
y composición química
en las estrellas de las galaxias

Redacción Nueva Isla
marte 9 de diciembre de 2025
Tradicionalmente, se atribuyó esta dualidad a un evento extraordinario en el pasado de la Vía Láctea, como la fusión con la galaxia Gaia-Sausage-Enceladus. Sin embargo, un nuevo estudio liderado por el Instituto de Ciencias del Cosmos de la Universidad de Barcelona propone una explicación más simple y amplia: la Vía Láctea habría seguido una de muchas trayectorias evolutivas posibles, sin necesidad de colisiones catastróficas que marcaran su química.
El equipo, encabezado por Matthew D. A. Orkney, analizó 30 galaxias simuladas mediante el proyecto Auriga, un conjunto de recreaciones cosmológicas desarrolladas con participación del Centro Nacional Francés de Investigación Científica (CNRS) y otras instituciones europeas. Estas simulaciones muestran que la existencia de estas dos grandes secuencias químicas en la composición de las estrellas puede surgir de procesos internos habituales: episodios intensos de formación estelar seguidos de períodos más tranquilos, o bien la llegada de gas pobre en metales desde el medio circungaláctico.
El hallazgo clave es que muchas galaxias virtuales generaron patrones bimodales sin necesidad de fusiones violentas. La entrada de nuevo gas —a menudo difícil de detectar pero crucial para alimentar la formación estelar— puede producir estrellas con composiciones distintas a las de generaciones previas. Esto bastaría para crear dos grupos químicos bien diferenciados.
El estudio subraya que “la estructura química de la Vía Láctea no es un plano universal”, es decir: no es un patrón necesariamente repetido en las demás galaxias. Una afirmación que obliga a replantear la idea de que nuestra galaxia debe servir como modelo estándar. En cambio, su historia sería solo una entre múltiples posibilidades, lo que abre la puerta a una visión más diversa de la evolución galáctica.
Esta reinterpretación también invita a reevaluar las observaciones de otras galaxias. Según el coautor Chervin Laporte, deberían mostrar una variedad de secuencias químicas tan rica como la predicha por las simulaciones.
Nuevos instrumentos como el telescopio espacial James Webb y misiones futuras como PLATO y Chronos permitirán poner a prueba estas predicciones con mediciones más precisas de la composición estelar.
La investigación redefine así la comprensión del desarrollo galáctico: no existe una única receta para formar una estructura como la de la Vía Láctea. Cada galaxia, según su acceso a gases, su ritmo de formación estelar y sus condiciones locales, puede construir su identidad química por caminos muy diferentes y los resultados pueden traer consigo muchas sorpresas en investigaciones futuras.




