Estudios revelan cautela
obligada con vacunas ARNm
Preocupantes resultados levantan bandera


lunes 3 de febrero de 2025
Han transcurrido ya más de tres años, desde las primeras inoculaciones de vacunas ARNm contra el COVID-19. Hablamos de lo que sin lugar a dudas es la sustancia farmacéutica más controvertida en la historia.
Las personas han aprendido a vivir sin pensar en el debate sobre la toxicidad que un sector científico le atribuye a dicha sustancia, con la cual han sido inoculados en repetidas dosis, prefiriendo confiar en las autoridades sanitarias como la Organización Mundial de la Salud (OMS) de la cual, el presidente Trump ordenó la salida de Estados Unidos como miembro y que los «fact checkers» estén haciendo bien su trabajo de desmentir a los «lunáticos» y «antivacunas», que rechazan que para nada estas y otras vacunas que utilizan la tecnología ARNm son «eficaces y seguras».
El problema en medio de este serio asunto, es que son miles, los médicos y científicos que forman parte de esa advertencia en contra de esta sustancia, los cuales han puesto sus diplomas y prestigio en el picador, algo que para muchos resulta inexplicable.
Sin embargo, la explicación está en los datos que han ido siendo recopilados al amparo de estudios de investigación, que esta comunidad científica de alto perfil ha estado produciendo.
Datos y resultados apuntan a una exacerbación postvacuna en las tasas de mortalidad, condiciones preexistentes y erosión inmunitaria, sin mencionar toda suerte de reacciones asociadas a problemas inflamatorios, cardiovasculares, neurológicos, hepáticos, gastrointestinales, cutáneos y neoplasias.
Muchas personas han adoptado la «estrategia avestruz”, aislándose del conocimiento, asociándolo con mal agüero y privándose de alternativas detoxificadoras que comienzan con simples estudios diagnósticos de laboratorio, incluyendo tratamientos naturales que pueden ayudar a disminuir e inclusive revertir la toxicidad y el daño provocado por esta sustancia.

Algunos estudios y datos recientes:
Es importante señalar que los signos y síntomas que experimentan las personas con efectos adversos a estas «vacunas», son similares a los del denominado «long COVID» o COVID Largo: dolores constantes de cabeza, cansancio, problemas gastrointestinales, hepáticos, renales, respiratorios y cardiopatías, además de problemas neurológicos y cutáneos.
Y esto es así, porque tanto la enfermedad COVID-19, producida por el coronavirus Sars- CoV- 2, como las vacunas ARNm utilizadas para combatirlo, tienen el mismo factor común: la proteína espiga, de la cual nadie refuta su toxicidad.
Las vacunas también incluyen ingredientes adicionales como el superconductor grafeno, un metal que ha sido identificado como de alto riesgo por su capacidad de agruparse y producir filamentos cortantes en tejidos vasculares, coágulos, embolias y trombos.
El ARNm da instrucciones a la célula para que produzca la proteína espiga, pero no cuándo parar de hacerlo.
Muchas personas se convierten en fábricas biológicas de esta tóxica e inflamatoria proteína, acarreando las consecuencias que están siendo observadas y documentadas por la comunidad científica.
El estudio titulado: «Tendencias en las tasas de mortalidad por enfermedades cardiovasculares y exceso de muertes 2010-2022», publicado en abril de 2024, realizado por un equipo médico a cargo de la Dra. Rebecca Woodruff, epidemióloga del Centro Nacional de Control y Prevención de Enfermedades de Georgia, reveló que la tasa media anual promedio de muertes por enfermedades cardiovasculares (ECV) a nivel nacional había disminuido un 8.9 % entre 2010 y 2019, experimentando un marcado aumento de un 9.3% entre 2019 y 2022.
Entre 2020 y 2022, se produjeron 228,524 muertes por ECV en exceso, lo que representó un 9% más de muertes por ECV de lo esperado, en comparación con la tendencia de 2010 a 2019.
Los factores más notables, que marcan una diferencia en la ecuación, por no estar presentes entre 2010 al 2019, fueron el COVID 19 y las vacunas ARNm. Hablamos de muertes por enfermedades cardiovasculares.
Un estudio científico publicado a principios del pasado año 2024 titulado «Hallazgos de autopsia en casos de miocarditis mortal inducida por la vacuna contra el COVID-19», a cargo del Dr. Nicolás Hulscher de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Michigan, revela lo que cientos de estudios y miles de médicos y científicos han estado advirtiendo sobre el potencial inflamatorio de la proteína espiga (spike), componente principal de estas vacunas: «La proteína Spike puede iniciar la degradación e internalización de los receptores de la enzima convertidora de angiotensina 2 (ACE2), lo que puede alterar el sistema renina-angiotensina (RAS) y provocar un aumento de la inflamación, vasoconstricción y trombosis. Además, la proteína Spike puede estimular las plaquetas y dañar el endotelio, lo que puede provocar trombosis arterial y venosa», reza el estudio.
Este estudio va más allá y señala: «Existe una alta probabilidad de que exista un vínculo causal entre la vacunación con ARNm contra el COVID-19 y la miocarditis, la enfermedad neurodegenerativa, la trombocitopenia inmunitaria, la parálisis de Bell, la enfermedad hepática, el deterioro de la inmunidad adaptativa, la respuesta al daño del ADN impedida y la tumorigénesis (cáncer)».
Dicho estudio hace hincapié en que a mayor cantidad de dosis, mayor es el riesgo. Algo que periodistas serios y medios responsables como NUEVA ISLA, basados en estudios de investigación, llevan informando a la ciudadanía desde 2021.
Uno de los mayores problemas en cuanto a reacciones adversas por vacunas, especialmente las ARNm contra el COVID-19, está relacionados a la producción de anticuerpos IgG4, que lejos de fortalecer el sistema inmunológico, lo erosionan, haciéndolo más vulnerable y susceptible a otras enfermedades para las que no fueron creadas.
Un estudio publicado en la revista Science Direct, en enero de 2024, a cargo del Dr. Alberto Rubio- Casillas, de la Universidad de Guadalajara, expone: «Los altos niveles de anticuerpos IgG4 generados en respuesta a la inoculación repetida con vacunas de ARNm contra el COVID-19, podrían estar asociados con una mayor tasa de mortalidad por enfermedades e infecciones no relacionadas, al suprimir el sistema inmunológico. Dado que la mayoría de los países vacunados contra la COVID-19 están reportando altos porcentajes de exceso de mortalidad no directamente atribuible a muertes por dicha enfermedad, los efectos nocivos de las vacunas de ARNm sobre la mortalidad general deberían estudiarse en profundidad.»
Como es de todos conocido, muchos estudios científicos relacionados al tema de la alta peligrosidad de estas vacunas, fueron sistemáticamente «bombardeados», cuestionados, calumniados y objeto del escarnio público para sus creadores. La inmensa mayoría de ellos son experimentados profesionales dedicados a la ciencia, con preparación académica e impresionantes hojas de servicio médico y científico.
Tal fue el caso de la investigación conducida por científicos japoneses a cargo del médico epidemiólogo, Dr. Miki Gibo.
Dicho estudio, publicado en abril de 2024 en la revista Cureus y titulado: «Aumento de la mortalidad por cáncer ajustada por edad tras la tercera dosis de la vacuna de nanopartículas lipídicas de ARNm durante la pandemia de COVID en Japón», tuvo que ser retirado por sus autores debido a la descomunal presión y crítica internacional que provocó.
Hemos conseguido el estudio original, un estudio extenso y a todas luces bien hecho, el cual concluye: «En 2022, se observaron aumentos estadísticamente significativos en las tasas de mortalidad ajustadas por edad de todos los tipos de cáncer y algunos tipos específicos de cáncer, a saber, cáncer de ovario, leucemia, cáncer de próstata, cáncer de labio/oral/faríngeo, cáncer de páncreas y cáncer de mama, después de que dos tercios de la población japonesa hubiera recibido la tercera dosis o más de la vacuna de ARNm-LNP contra el SARS-CoV-2. Estos aumentos particularmente marcados en las tasas de mortalidad de estos cánceres sensibles a ERα (receptor de estrógeno alfa) pueden atribuirse a varios mecanismos de la vacuna de ARNm-LNP más que a la infección por COVID-19 en sí o a la reducción de la atención oncológica debido al confinamiento.»
A medida que el tiempo transcurre, continúan apareciendo cada vez más estudios de investigación a nivel internacional, que apuntan al más grande fiasco científico de todos los tiempos, en cuanto a prevención y tratamiento se refiere, relacionado a la puesta en marcha de una «vacunación» experimental de «emergencia», nunca antes probada en humanos, bajo la falsa premisa de inexistencia de fármacos eficaces. Algo absolutamente falso, toda vez que el coronavirus es muy sensible y vulnerable a fármacos comunes y económicos, entre ellos la Ivermectina.
Y si usted es de los que se creyó la campaña de la FDA y los medios rentados, de que la Ivermectina era «veneno para caballos», acceda aquí y vea cómo la FDA tuvo que retractarse en 2024 tras una demanda de médicos que trataron exitosamente a sus pacientes con este fármaco creado en su origen en formulaciones para humanos.
De hecho, muchos años antes de la pandemia se hablaba de la Ivermectina, cuyos creadores ganaron el Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 2015, y era resaltada por su amplio espectro para tratar diversidad de enfermedades, aunque en aquel momento era costosa para los mercados pobres, algo que fue superado reduciendo el costo a .25 centavos por tableta.
Cuando hablamos de las vacunas ARNm contra el COVID-19, hablamos de una sustancia a todas luces tóxica, que según los datos y evidencia, ha comprometido la salud de millones de personas en el mundo. Una advertencia que un sector científico responsable y ultracompetente lleva informando hace ya más de tres años, ante los oídos escépticos de millones de personas que no pueden concebir el error, engaño o encubrimiento de las autoridades sanitarias mundiales.
La pasada censura a estas voces científicas, a nivel local e internacional, fue determinante para el daño producido sobre la población.
El autor es periodista certificado por el Departamento de Estado de Puerto Rico Miembro de la Asociación de Periodistas de Puerto Rico (ASPPRO)
Miembro de la Asociación Nacional de Periodistas Hispanos (NAHJ), Wa.DC


