Hallan bajo lago de Asia
Central los restos de
ancestral ciudad perdida
La comparan con Pompeya y Atlántida

Redacción Nueva Isla
El Issyk-Kul tiene una longitud de 113 millas y una anchura de 37 millas (más grande que Puerto Rico), por lo que es el segundo lago de montaña más grande del mundo, después del lago Titicaca, entre Perú y Bolivia. Se encuentra a 5,278 pies sobre el nivel del mar y su profundidad máxima es de 2,302 pies. Ocupa una cuenca cerrada de origen tectónico y es levemente salino, permitiendo que como mencionamos, permanezca libre de hielo durante el invierno.
Según un mapa medieval usado por mercaderes venecianos, el lago Issyk-Kul era una importante escala en la “Ruta de la Seda”, la principal ruta comercial entre el Lejano Oriente y Europa. Sin embargo, no se sabía con exactitud dónde ubicaba esa importante escala en la ruta.

Según la primera fase del estudio submarino, la ciudad hundida data de entre los siglos XIII y XV.
El equipo de investigadores identificó muros de ladrillo, vigas de madera y una necrópolis medieval, con estructuras que sin lugar a dudas pertenecerían a un importante centro en medio de la Ruta de la Seda, y que parece haber sido sepultado tras un devastador terremoto a inicios del siglo XV.
El asentamiento formaba parte del complejo de Toru-Aygyr, en la orilla del lago, donde se presumía se encontraba una ciudad sepultada comparada con Pompeya, que posteriores estudios concluyeron que se trataba de formaciones geológicas naturales, no construcciones humanas.
Sin embargo, los nuevos hallazgos cambian por completo esa conclusión, al hallar cimientos de ladrillo cocido, paredes de piedra, vasijas de arcilla y edificaciones circulares y rectangulares enterradas bajo capas de tierra. Según la Sociedad Geográfica Rusa, “todos los hallazgos confirman la existencia de una antigua ciudad”. El jefe de la expedición, Valery Kolchenko, ratificó que la magnitud de la catástrofe que la destruyó es comparable con la de Pompeya.
Los investigadores exploraron cuatro zonas. En la primera documentaron muros quemados y una piedra de molino, evidencia de antiguos talleres harineros. La segunda correspondía a un cementerio musulmán de los siglos XIII-XIV, donde se recuperaron dos esqueletos orientados de acuerdo con las normas islámicas. La tercera mostró una expansión urbana posterior, y la cuarta reveló viviendas de adobe superpuestas. Fotografías submarinas permitieron identificar la planta de un gran edificio público —posiblemente una mezquita, baños o una madrasa— junto con ladrillos ornamentados, cerámicas esmaltadas, husos, cuchillos de hierro y ornamentos de bronce.
Materiales como carbón, mortero y madera fueron enviados para datación por espectrometría de masas con acelerador, con el fin de establecer la cronología precisa del sitio.
Los expertos sostienen que la ciudad ya se encontraba en declive antes del desastre, debido al cambio de las rutas comerciales, y teorizan que tras el abandono, comunidades nómadas ocuparon la zona. Las aguas frías y ligeramente salinas del Issyk-Kul, que carece de salida natural, preservaron notablemente las estructuras durante siglos.
El hallazgo ha despertado comparaciones inclusive con la “Atlántida”, un calificativo repetido en medios rusos, aunque los especialistas recuerdan que Europa ya alberga ciudades sumergidas documentadas, como Baiae en Italia o Ravenser Odd en el estuario del Humber, Inglaterra. Aun así, Issyk-Kul destaca por la buena conservación de sus ruinas en aguas poco profundas.
Presumiblemente, según los hallazgos y procesos de datación, la ciudad habría sido punto clave en el comercio de seda, especias y metales entre China y el Mediterráneo, hasta mediados del siglo XV, cuando el terremoto obligó a los mercaderes a buscar rutas más seguras.
La próxima etapa de exploración e investigación, prevista para el verano de 2026, incluirá el mapeo sonar y excavaciones dirigidas a exponer tramos de calles pavimentadas y recuperar material orgánico. Hasta entonces, la antigua ciudad seguirá oculta bajo las aguas del Issyk-Kul, recordando que algunas leyendas se construyen sobre ruinas reales.




