Hostos: Cacique de la

enseñanza antillana y

conciencia del espíritu taíno

Hostos y lo taino
foto articulo Javier Cesani Roman1c
miércoles 24 de julio de 2024

Si desea descifrar la naturaleza de un ser humano, conozca sus raíces.

Cuando te impones el reto de tratar de emancipar la grandeza de la mente del maestro Eugenio María de Hostos, es una tarea imponente y casi imposible.

Ese génesis se encuentra en el lejano barrio de Río Cañas arriba, en la ciudad de Mayagüez.

Y lo sé de buena tinta, al trabajar por más de quince años en estas tierras, bajo la sombra de Don Eugenio, en su museo.

Un mensaje poderoso proviene del solo imaginar que el «Pensador de América» es de cuna jíbara en los fríos montes de Urayoán. Región cafetalera que fue la propulsora para que un Eugenio de Hostos, padre, se aventurara en el negocio de exportación del fruto de moda.

Hablamos de un hombre, al cual la gracia no le fue muy complaciente, y hasta un fuego consumió todo el sacrificio del café almacenado.

Desgracia que lo impulsó a realizarse como escribano y poder mover a su familia al casco del pueblo de Mayagüez. Pero ese Río Cañas arriba, de sabor arcaico e isolado de la modernidad, pudo más en la pequeña mente de un niño; para convertirse luego, en el Eugenio, al que le sigue un nombre Mariano, empedernido pensador.

museo Hostos

Aunque se le nombró como San Carlos a dichos montes, eran parte de los montes del Cacique Urayoán. Lugar, donde nacen ojos de agua, que luego serán ríos, y fue un llano muy cercano, el escogido para el asentamiento de la casona de los Hostos Bonilla. Una decisión basada en aquellos viejos lugares de bateyes taínos.

Los moradores de estas tierras gozan de gran pureza de sangre indígena. Basta con solo observar los rasgos de sus actuales vecinos, a similitud de los ancestrales pobladores de las Indieras de Maricao. Algo que el doctor Martínez Cruzado muy bien ha estudiado, a usanza de la ciencia genética.

Jugando en estas tierras, un joven Hostos se encontraba con concheros, de los que aún en nuestros días hemos hallado conchas a más de dos mil pies de altura, ante la presencia, como testigo, del punto más alto de Mayagüez: su monte San Bernardo.

Cuando el joven Eugenio María se criaba, aún no existía el pueblo de las Marías, fundación que se le atribuye al cuartel que fue construido luego del Grito de Lares, movimiento que surgió muy cerca del área en Furnias. Pero sí se encontraba el sector Plato Indio, con su hacienda cafetalera, de cuyas costumbres cotidianas el niño Hostos fue cómplice.

libro Peregrinacion Hostos

Eugenio María de Hostos y Bonilla, idealista y activista, se aventuró a escribir una novela que lo metió en más de un lío con la Corona. A ésta la llamó: «La peregrinación de Bayoán».

Un concepto literario antillanista, que se unifica con las raíces de lo taíno y no lo español, para crear una identidad unísona de las tres islas grandes del Caribe.

Como podrán percibir, de Bayoán a Urayoán solo los difiere «un paso». Recordemos al Urayoán que mandó a ahogar a Salcedo en el río Gurabo, actual Río Grande de Añasco.

Una bravura que Hostos quiso compartir con el Caribe Antillano, ganándose su primera huida de las fuerzas españolas y navegando hacia su otra gran patria: República Dominicana.

Aplicando su pedagogía a toda una nación, el maestro no pudo contener su pasión de niño. Razón por la cual los niños dominicanos, que conocían su inquietud por lo taíno, le ofrecían objetos que se encontraban en los montes.

Nadie le daba importancia a las piedras con caritas de los indios, solo un extravagante profesor boricua que se deleitaba con ellas. Motivado, tanto por ayudar económicamente a los niños, como por su curiosidad, reflejo de sus recuerdos de aquellos tiempos, donde jugaba por los monte de Río Cañas.

A lo largo de su vida, Eugenio María de Hostos adquirió una considerable colección de objetos taínos de todo tipo. El futuro historiador de Puerto Rico, su hijo Adolfo de Hostos, lo incluyó en una gran donación para la biblioteca nacional, en la sala que lleva el nombre de su padre, denominada: Colección Hostos de Artículos Indígenas.

Sin embargo, fue su tercer hijo, quien heredó su nostalgia más grande: ser portador del nombre Bayoán de Hostos.

Éste llegó a ser gobernador de una provincia de la República Dominicana, bajo el régimen de un controversial estudiante del maestro Hostos, Rafael Trujillo, quien siendo influido por el depredador de su segundo nombre, Leónidas, impulsó el recuerdo de su maestro como símbolo de la creación de la nación, para luego ser su verdugo, al anular el sistema Hostosiano de todas las escuelas públicas del país, por el capricho de una anulación eclesiástica de un matrimonio. Situación aprovechada por un Vaticano no muy amigo del agnosticismo de Hostos.

La historia está ahí, la inquietud del niño y la trayectoria del maestro, como muestra de que nuestra identidad de pueblo está intrínsecamente arraigada a nuestras raíces Taínas: Un Eugenio María de Hostos que se transformó en el cacique de la enseñanza antillana y conciencia del espíritu taíno.

El autor es historiador con sobre 20 años de experiencia en administración de museos, tales como: Museo Eugenio María de Hostos, Museo Casa Grande y Museo Pilar Defilló. Conferencista sobre la función de los museos en la sociedad y sobre la vida de Eugenio María de Hostos.

 

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