Imparable el avance del

suicidio asistido en EE.UU.

En PR hay simpatizantes con la idea

martes 2 de abril de 2024

El estado de California podría convertirse en la meca del suicidio asistido en Estados Unidos, toda vez que el proyecto de ley 1196 del Senado californiano, presentado por la senadora Catherine Blakespear, enmendaría la “Ley de Opción para el Fin de la Vida”, vigente en el estado, para permitir que las personas no residentes, incluyendo personas con problemas mentales, pongan fin a sus vidas con un medicamento administrado por vía intravenosa.

Bajo la controvertida ley, los residentes de California a quienes se les ha diagnosticado enfermedades terminales pueden solicitar un fármaco letal “que les ayude a morir” para poner fin a sus vidas sin sufrimiento.

El proyecto de ley eliminaría el requisito de residencia, permitiendo que residentes o inmigrantes de otros estados puedan elegir sin problema poner fin a sus vidas, incluyendo aquellos con demencia en etapa temprana o media, quienes bajo el actual estatuto deben esperar hasta que les queden seis meses de vida para poder solicitar la administración del fármaco letal.

Estos pacientes se “beneficiarían” de la enmienda que eliminaría el requisito de “enfermedad terminal”, disponiendo que simplemente el paciente padezca una “condición médica grave e irremediable”.
Cabe señalar, que hay un amplio abanico de enfermedades graves e “irremediables” que no son terminales o pueden tardar largos años en llegar a esa etapa, con una relativa calidad de vida.

De aprobarse la ley, tampoco el paciente tendría que realizar dos solicitudes verbales del fármaco suicida en un plazo de 48 horas.
Levanta suspicacia que uno de los estados con mayor cantidad de inmigrantes y personas desamparadas, que inundan las calles, con un problema descomunal de adicciones a drogas y salud mental, abra una puerta ancha y vía fácil a una matanza masiva de seres humanos que pudieran tomar decisiones en medio de situaciones de vida que nublan el pensamiento.

En EE.UU. los estados de Oregon, Vermont, Washington, Montana, New Jersey, Nuevo Mexico, Maine, Hawai y California, incluyendo a Washington D.C., poseen leyes que permiten y facilitan la eutanasia o suicidio asistido, perfumado bajo el alter ego jurídico de “ayuda médica para morir”.

Diferencia entre la eutanasia y el suicidio asistido:

Para muchos se trata de un asunto de semántica, más cosmético que otra cosa. Un juego de palabras con base legal para eximir lo ineximible.

En la eutanasia el médico administra el fármaco o coctel letal, mientras en el suicidio asistido o “ayuda médica para morir”, es el propio paciente quien se autoadministra el “medicamento”que le provocará la muerte, con la facilitación y asistencia del médico y personal técnico.

¿Qué opinan los estadounidenses sobre el tema?:

Desafortunadamente para aquellos con fuertes principios y valores cristianos, que consideran un pecado mortal y un atentado contra la ley de Dios la eutanasia o suicidio asistido, en EE.UU. cada día esta idea y práctica gana más terreno y adeptos.

Una encuesta de la firma Gallup, publicada en mayo de 2018, revelaba que un 72% de los encuestados decían que “los médicos deberían ayudar a morir a los pacientes con enfermedades terminales” y el 54% está de acuerdo en que “el suicidio asistido por un médico es moralmente aceptable”.

La eutanasia y el suicidio asistido no es un asunto limitado a EE.UU., sino una tendencia mundial, que va devorando terreno como un incendio forestal, con el empuje de poderosos globalistas, cuya visión de la vida es tanto pragmática, como utilitarista, y justifica eliminar la carga que representan estos individuos, así como de un amplio sector de las diversas sociedades, al amparo de toda suerte de planteamientos, alegadamente humanitarios.

España, Canada, Nueva Zelanda, Australia, Bélgica, Luxemburgo, Países Bajos y Colombia, han legalizado esta controvertida y anticristiana práctica.

La eutanasia y el suicidio asistido en Puerto Rico:

En Puerto Rico existen simpatizantes de la eutanasia y el suicidio asistido.
El 29 de mayo de 2022, el periódico El Nuevo Día publicó una columna de la autoría del Dr. Fernando Cabanillas, titulada “Morir bien o morir mal: ¿Cuándo permitir la eutanasia?”, en donde este médico enarbola las alegadas bondades y beneficios del suicidio asistido como un elemento de innovación y cambio, para dizque no continuar “viviendo en cuevas como los primeros Homo sapiens”.
En 2014, se presentó sin éxito el P. de la C. 2258, de la autoría del representante Ángel Matos (PPD), para crear la “Ley de Muerte Digna para Pacientes con Enfermedades Terminales”.

En 2010, el Tribunal Supremo de Puerto Rico reconoció el derecho que le asiste a un paciente de rechazar un tratamiento médico, incluso si esto puede ocasionar su muerte, lo que para muchos representó una antesala o un tipo de aceptación del derecho del ciudadano a terminar con su vida.
“Concluimos que tanto la Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico, como la Constitución de Estados Unidos protegen el derecho de las personas a rechazar tratamiento médico sin sujeción a condición de salud alguna y aun cuando ello pudiera ocasionar su muerte. Por consiguiente, resolvemos que el Artículo 6 de la Ley de Declaración Previa de Voluntad sobre Tratamiento Médico en Caso de Sufrir una Condición de Salud Terminal o de Estado Vegetativo Persistente, Ley Núm. 160 de 17 de noviembre de 2001, 24 L.P.R.A. sec. 3651 et seq. (Ley Núm. 160), es inconstitucional en tanto en cuanto impone un límite a la voluntad válidamente expresada de un ciudadano y sujeta su eficacia solamente a circunstancias en que exista un diagnóstico particular de una de las dos condiciones allí dispuestas. Tal limitación infringe el derecho constitucional de un individuo de tomar decisiones respecto a su tratamiento médico”, reza la decisión del Supremo.

Así las cosas, no sorprendería ver nuevas iniciativas para legalizar la eutanasia en Puerto Rico, país proclive a seguir las modas y tendencias, no empece si las mismas implican serias connotaciones éticas, morales y religiosas, y más aún, si a la sazón puede producirle dinero a los “profesionales” implicados, en un juego, donde al final del día alguien perderá la vida y alguien ganará plata.

 

El autor es periodista acreditado por el Departamento de Estado de Puerto Rico                                Miembro de la Asociación de Periodistas de Puerto Rico (ASPPRO)
Miembro de la Asociación Nacional de Periodistas Hispanos (NAHJ), Wa.DC