Incierto aún futuro del

“Acuerdo Mundial Sobre

Pandemias” de la OMS

miércoles 10 de abril de 2024

El denominado “Acuerdo Mundial Sobre Pandemias (AMSP)”, que serviría de antesala a las propuestas enmiendas al Reglamento Internacional de la Salud (RIS), se encuentra aún en aguas pantanosas, no empece a algunos avances alcanzados tras la novena reunión, efectuada a fines de marzo, del Órgano de Negociación Intergubernamental (ONI) de la Organización Mundial de la Salud (OMS), creado tan recientemente como en diciembre de 2021 para “negociar y redactar un convenio, acuerdo u otro instrumento internacional de la OMS sobre prevención, preparación y respuesta frente a pandemias”.
Un “acuerdo” vinculante complementario al RIS, que ha llevado varios nombres en sus bosquejos, comenzando con la palabra “tratado”, y que en 27 meses ha tenido que sostener nueve reuniones oficiales para intentar sobrellevar la resistencia de algunos países miembros, como Estados Unidos, a ceder algunos aspectos de derecho constitucional, que como el RIS guarda en menor proporción relación directa con sus soberanías y la facultad de emitir mandatos.

Como es de conocimiento público, entre las propuestas enmiendas al RIS se obligaría a los 194 países miembros de la ONU y su brazo salubrista, la OMS, a acatar cualquier directriz de ésta, dirigida a alcanzar los objetivos descritos en el mismo.

En resumen brevísimo: En aras del “bien común” y bajo el lema de “Una sola salud” como política pública mundial, enmarcada en el calentamiento global como punto fundamental salubrista y el potencial surgimiento de una nueva pandemia, la cual presentan a la vuelta de la esquina, los países miembros se comprometerían a acatar las directrices que emita la OMS, o en su defecto adherirse obligadamente a sus políticas predeterminadas.
Estas directrices podrían afectar: movilidad y transporte; actividad industrial; supresión de la crianza de animales para producción de carne, debido al efecto del metano derivado de sus desechos; explotación minera y petrolera; imposición de vacunas y tratamientos sobre las poblaciones; alcance, modificación y restricciones en cubiertas de salud; y censura con severas penalidades sobre toda información contraria al discurso de la OMS y sus objetivos, entre otros aspectos neurálgicos.

Aunque uno de los mayores obstáculos iniciales era la negativa de algunos países miembros en torno al gasto que estas directrices pudieran provocar en sus respectivas economías, así como el financiamiento de las mismas, al parecer se ha vencido ese obstáculo en el borrador del AMSP, pero no así los aspectos jurídicos y constitucionales de las propuestas enmiendas al RIS, que implican acatar directrices de gobiernos extranacionales o supragobiernos, como sería el gobierno de la OMS.

Una iniciativa que el ala republicana del Congreso de EE.UU. ha condenado públicamente y en donde se debate el poder que pudiera asistir al ejecutivo para establecer “acuerdos” vinculantes de este tipo, sin el consejo y consentimiento del senado. Y mucho menos en año electoral, donde el consenso bipartita es mucho más difícil de alcanzar.

Para vencer este obstáculo, en el Proyecto Revisado de Negociación del ONI, se hace hincapié reiteradamente a respetar la soberanía de los países, algo que para muchos constitucionalistas resultaría incompatible en la práctica: “Reconociendo que la propagación internacional de enfermedades es una amenaza mundial con graves consecuencias para las vidas humanas, los medios de subsistencia, las sociedades y las economías que requiere la más amplia cooperación internacional posible en una respuesta internacional eficaz, coordinada, adecuada e integral, sin dejar de reafirmar al mismo tiempo el principio de la soberanía de los Estados Partes al abordar cuestiones de salud pública”, reza el documento.

De hecho, otro gran obstáculo que parece resuelto era la negativa de las potencias mundiales a ceder o poner en riesgo propiedad intelectual y patentes de productos biomédicos o genéticos, aspecto que han refinado y que ocupa gran parte del texto del Proyecto Revisado de Negociación.
Pero aún, con la suavización y los lubricantes colocados reiteradamente en el texto, existen choques existenciales con investigaciones gubernamentales en curso, tanto en EE.UU., como en la Unión Europea, sobre el manejo de la pasada pandemia del COVID-19, sus orígenes y encubrimiento de información al público.
Algo a lo cual el AMSP le vertiría toneladas de concreto encima, llevando el tema de la pasada pandemia a materia de aprendizaje, y las “nuevas pandemias” a su segundo y previsto nivel, uniformando métodos, mecanismos y parámetros similares.

 

Vuelven a enfocar la “desinformación” como parte de un acuerdo:

En su artículo 18, titulado: “Comunicación y concienciación de la población”, el Proyecto de Negociación del AMSP atiende, tal y como también hace el borrador de enmiendas al RIS, la denominada “desinformación”: “Cada Parte promoverá el acceso oportuno a información fiable y basada en la evidencia sobre las pandemias y sus causas, sus efectos y los factores que las impulsan, para combatir y desmentir la información errónea y la desinformación, en particular mediante la comunicación de riesgos y la participación efectiva de las comunidades. 2. Las Partes, según proceda, promoverán y/o efectuarán investigaciones y orientarán sus políticas teniendo en cuenta los factores que reducen o refuerzan el cumplimiento de las medidas sociales y de salud pública durante las pandemias y la confianza en la ciencia y las instituciones de salud pública. 3. Las Partes promoverán y aplicarán un enfoque fundamentado en la ciencia y la evidencia para evaluar los riesgos de forma eficaz y oportuna y para adaptar la información que se da a la población teniendo en cuenta los aspectos culturales. 4. Las Partes intercambiarán información y cooperarán, de conformidad con sus legislaciones nacionales, para prevenir la desinformación y la información errónea, y procurarán definir las mejores prácticas para aumentar la exactitud y la fiabilidad de la información que comunican durante las crisis”, reza el documento.
Y cabe señalar, que gracias a esa llamada “desinformación”, desenmascarando la falsa “ciencia y evidencia” a la que hace referencia el documento, durante la pasada plandemia del COVID-19, se dió a conocer la peligrosidad y toxicidad de las mal llamadas “vacunas”. Esto al igual que la falsedad de la FDA de llamar “veneno de caballos” a la Ivermectina, poderoso antiparasitario y antiviral utilizado exitosamente por muchos médicos para tratar el COVID-19 y que en días recientes la agencia tuvo que desmentir y retirar de su página oficial y redes sociales, por orden de un tribunal de Texas.

Las abarcadoras enmiendas al Reglamento Internacional de la Salud (RIS), que van más allá del AMSP, y no se limitan a pandemias, sino a todo tipo de “emergencia” sanitaria, pretendían ser bajadas a votación en el pleno en las pasadas tres Asambleas Mundiales (2021-2023), pero no contaban con los votos.
Por eso, la creación del ONI para la redacción y aprobación del AMSP, que sirve de aperitivo consensual y abrepuertas, ante lo que se ha convertido en una costosa barrera para alcanzar el más alto objetivo en la historia de la OMS.

La próxima Asamblea Mundial de la Salud dará inicio el 27 de mayo en Génova, Suiza, y aunque hay mucha información en redes e internet que aseguran que el Acuerdo Mundial Sobre Pandemias (AMSP), tal y como se pretende, y las enmiendas al RIS se encuentran listos para su aprobación, por todo lo anteriormente expuesto no sería de extrañar que una votación vuelva a ser pospuesta para mayo de 2025.

El autor es periodista acreditado por el Departamento de Estado de Puerto Rico                Miembro de la Asociación de Periodistas de Puerto Rico (ASPPRO)
Miembro de la Asociación Nacional de Periodistas Hispanos (NAHJ) Washington DC