¡Se nos empequeñece la Isla! Sin pausa el problema de la erosión en Puerto Rico

Por: José Santiago Gabrielini

Hace tres años atrás redactamos una nota de prensa en torno al sugestivo título de este artículo, sobre los descomunales y billonarios daños en las costas de Puerto Rico, ocasionados tras el paso del huracán María, hace poco más de cuatro años. Sin embargo, María solo puso en relieve y en la palestra pública un problema que data de décadas y que alcanzó notoriedad ante los destrozos del histórico huracán.

En ese momento, y como sucede con alarmante regularidad en este país, el país redescubrió la rueda tras el histórico evento atmosférico.

Luego de eso, nuestras costas enfrentan anualmente fuertes oleajes, mejor conocidos como “bravatas”, que apenas se mencionan y que siguen erosionando nuestro principal patrimonio y por consiguiente amenazando o en efecto socavando las estructuras aledañas. Tomemos como ejemplo, nuevamente al municipio de Rincón que se convirtió en el ”niño símbolo” y ejemplo vivo de la destrucción y mala planificación en la construcción en las costas.

Todos recordamos, el más reciente capítulo originado precisamente por el intento de la administración del Condominio Sol y Playa de reconstruir en tiempo presente la verja de concreto y la piscina, destruida tras el paso de María.

En ese caso, en la playa Los Almendros, el mar “reclamó” el espacio marítimo terrestre, reduciendo sorprendentemente el amplio terreno que existía previamente.

Sin embargo, no necesariamente se trata de un problema reciente, sino de una paulatina e inexorable erosión que se ha visto incrementada hoy día por diversos factores.

Una erosión, que para una colonia en quiebra, se le hará muy cuesta arriba detener, cuando hablamos no de sectores, y ejemplos aislados, sino alrededor de toda la isla.

Hablamos de un merecido discurso, con muy poca acción, de proteger los espacios marítimo terrestres, pero nos olvidamos de crear leyes y recursos viables para la protección de estructuras operantes en pie, que pudiera paulatinamente convertirse en escombros como los de la foto. Agravando el problema, debido a que nadie quiere pasar un hermoso día de playa con siniestros escombros como telón de fondo.

Tanto el espacio marítimo terrestre, como las estructuras aún en buenas condiciones, son importantes. Estructuras que por causa de la mala planificación y la erosión, se han convertido en amenazas al medio ambiente y viceversa. Estructuras y edificios completos, que de no ser protegidos en una política pública integral agravarán el problema a niveles insospechados e irreparables.

De hecho, ninguna política pública evitará el desenlace final, pero si puede alargar el tiempo útil y preparar al país para lidiar con el monumental problema en un futuro muy cercano.

Cuando se construyeron la mayor parte de las estructuras costeras,  mayormente en la década de los sesentas y setentas, el mar  estaba  retirado en las playas  entre 30 y 40 pies o más. En Isla Verde y Ocean Park por ejemplo,  teníamos sectores con más de 100 pies de distancia. El desarrollo urbano continuó desplazándose hacia las costas, y el mar avanzando hacia el desarrollo urbano.

La erosión costera alrededor de toda  la  Isla lleva  un paso tan acelerado y arrollador que inclusive las  proyecciones y disposiciones que pueda establecer una nueva legislación para la construcción estarán reñidas y retadas por el  avance  del  mar  que amenaza con tragarse comunidades completas.  Hablamos, no  de cientos, sino de miles de casas,  edificios  y comercios preexistentes que dejarán de existir en mucho menos de 20 años.

Durante las pasadas administraciones de gobierno, se ha estado cambiando de comité en comité legislativo y de experto en experto, como de ropa interior, sin cambio o aprobación de legislación efectiva alguna.

¿Donde quedó la planificación,la prevención y la mitigación mientras  la  costa  era  tragada por el mar durante décadas en la cara de los políticos?
Un estudio divulgado en agosto de 2017, un mes antes del paso de María,  realizado por profesores  y  estudiantes  del campus de Río Piedras de la Universidad  de Puerto Rico (UPR), junto con la Red de  Playas  de Puerto Rico  y el Caribe,  revelaba que el 60% de 4,324 áreas de playa analizadas hasta el año 2010, presentaban una considerable erosión o pérdida de sedimentos.

En esa ocasión, la  profesora Maritza Barreto Orta,  catedrática de la UPR y directora  de la Red de Playas de Puerto Rico y el Caribe, expresó que la tasa  de  pérdida  de playa en  ese estudio era de entre 0.11 y  dos metros anuales.  Otros  estudios  revelan  que esa brutal erosión, puede llegar hasta los cinco metros (16.4 pies) anuales.

En abril de 2016, Barreto expresó  en entrevista para  el  periódico El Nuevo Día: “Cuando antes encontrabas  que algunas playas perdían entre uno  y  dos metros de ancho,  ahora  vemos  que hay unas que pierden  hasta cinco.  Una  aceleración  tan marcada preocupa que la infraestructura  (aceras, carreteras, viviendas, etc.)  se pierda más rápido, y que las comunidades estén más vulnerables”.

¿Dónde estaban los políticos salvadores del planeta? ¿No leían los periódicos? Inclusive este  medio  NuevaIsla.com ha  producido más de media docena de reportajes sobre el tema en los pasados cinco años.

Así las cosas, según los estudios previos existentes, de  no  surgir alguna solución literalmente milagrosa, en los próximos 20 años tendremos  el mar entre 120 y 328 pies más adentro de tierra firme, con relación a donde se encuentra en el día de hoy.Los factores para esta increíble erosión  acelerada son: construcción de  estructuras  y rompeolas  que  afectan la hidrodinámica, creando mayor erosión en otras áreas; reducción  de barreras naturales en el fondo del mar como rocas  y  arrecifes,  así como la madre de todo el problema que es  el cambio climático  y  la  acidificación del mar, que reduce o elimina las barreras de coral.

Otro factor, sobre el cual los catedráticos y científicos de la UPR han estado teorizando es de carácter geológico-tectónico, debido al movimiento tectónico  que  hace que las plataformas submarinas se levanten,  acelerando la erosión costera.  Y  como  si esto fuera poco, la intensidad  y  magnitud  de  la  nueva generación de huracanes con sus descomunales  marejadas  ciclónicas  que  reclaman costa y no la devuelven jamás, convierten  el  problema  de la erosión en Puerto Rico en algo parecido a la camilla de un paciente terminal en donde yacen nuestras hermosas  playas, comunidades aledañas, lujosos hoteles y edificios de apartamentos.