Israel prepara la solución final
para apropiarse de Gaza

Redacción Nueva Isla
Desde que el ejército israelí dio inicio a la guerra para destruir a Hamás en respuesta a un ataque del grupo paramilitar terrorista el 7 de octubre de 2023, en el que murieron unos 1,200 israelíes y otros 251 fueron tomados como rehenes, al menos 52,567 palestinos han fallecido en Gaza, casi un 70% de ellos son niños, mujeres y ancianos inocentes.
Y desde que tras el breve alto al fuego de dos meses, Israel reanudó su ofensiva el 18 de marzo de este año, se añadieron unos 2,459 palestinos adicionales a la cifra de muertos, según el Ministerio de Sanidad gazatí.
La Franja de Gaza hace mucho tiempo ya que es un territorio devastado, reducido a escombros, con olor a muerte por doquier y carencias infrahumanas, en un genocidio sin cuartel, que excede por mucho el balance de fuerzas y el alegado objetivo de justicia o venganza.
Ahora, el gabinete de seguridad de Israel acaba de aprobar un nuevo y ambicioso plan militar que busca intensificar su ofensiva contra Hamás en Gaza, con el objetivo declarado de “capturar” completamente el territorio o mejor dicho, apropiarse de Gaza, desplazar a la población civil hacia el sur y consolidar el control israelí sobre la zona, todo esto con la bendición, apoyo y subvención de la Casa Blanca de Donald Trump.
La decisión, adoptada por unanimidad, ha generado fuertes críticas por su posible impacto humanitario y político.
El primer ministro Benjamin Netanyahu calificó el plan como «bueno», señalando que contribuirá a la derrota de Hamás y a la liberación de los 59 rehenes aún en poder del grupo.
El plan fue propuesto por el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel, teniente general Eyal Zamir, e incluye operaciones militares prolongadas, desplazamiento masivo de civiles y control total sobre las zonas tomadas; para lo cual se prevé reforzar las tropas con decenas de miles de reservistas.
“Estamos aumentando la presión para traer a nuestra gente a casa (rehenes) y destruir la infraestructura terrorista, sobre y bajo tierra”, declaró Zamir.
Entre los puntos clave del plan figura la ampliación de una “zona tampón” a lo largo de la frontera de Gaza, lo que, según fuentes israelíes, busca otorgar ventaja en futuras negociaciones con Hamás.
El miembro del gabinete de seguridad Zeev Elkin sugirió que aún hay una ventana para lograr una liberación de rehenes antes de la visita del presidente Donald Trump a la región, pautada entre el 13 y el 16 de mayo. Para Elkin, si Hamás percibe determinación en las acciones de Israel, esa posibilidad pudiera materializarse.
Sin embargo, los resultados hasta ahora son cuestionados. El Foro de Rehenes y Familiares Desaparecidos acusó al gobierno de priorizar el control territorial sobre la vida de los rehenes, y señaló que más del 70% de la población israelí desea que se les de prioridad a los rehenes, de los cuales se sabe que una cantidad indeterminada están muertos.
En paralelo, el gabinete también dio luz verde a un plan, aún en papel, para permitir la distribución de ayuda humanitaria a través de empresas privadas supervisadas por el ejército, con el fin de evitar el control de Hamás sobre los suministros.
Esta medida pondría fin a un bloqueo total impuesto desde el 2 de marzo, que ha provocado una grave e inhumana escasez de alimentos y medicamentos, según la ONU.
Sin embargo, el Equipo Humanitario de País (HCT), que agrupa a agencias de Naciones Unidas, criticó duramente la propuesta, afirmando que el plan israelí de condicionar la ayuda a una distribución desde centros controlados por el ejército viola los principios humanitarios fundamentales, pone en riesgo a civiles y trabajadores humanitarios, y afianza los desplazamientos forzados, toda vez que “conduce a los civiles a zonas militarizadas para recoger raciones, amenazando sus vidas”, alertó el HCT.
La ONU advierte que Gaza ya enfrenta una crisis de hambre y un recrudecimiento inminente de la misma: los almacenes están vacíos, las panaderías cerradas y las cocinas comunitarias a días de agotar sus suministros. Además, se ha bloqueado el suministro de medicamentos esenciales y equipos médicos, lo que ha colapsado el ya debilitado sistema de salud local. Todo esto en una clara estrategia de acorralamiento y presión inhumana sobre la población civil para que cedan por desesperación a los planes de Israel y EE.UU. que incluyen la gentrificación del pueblo palestino de La Franja.
Israel, por su parte, insiste en que actúa conforme al derecho internacional y que no existe escasez de ayuda, algo que no guarda relación con la realidad obvia y tangible.
El impacto del nuevo plan militar y la estrategia amañada para la distribución condicionada de ayuda humanitaria, siguen generando una fuerte condena internacional, en otro intento más de que la presión sobre el gobierno israelí sirva para equilibrar sus objetivos de seguridad con la protección de la población civil en Gaza. Algo que hasta ahora ha resultado infructuoso y la implacable maquinaria de guerra israelí, apoyada en occidente, no ha frenado la fuente del caudal de sangre inocente, en la cara del mundo civilizado.



