Listo el escenario para dar
muerte a Jesús y que
se cumpliera la profecía

Redacción Nueva Isla
miércoles 1 de abril de 2026
El miércoles, el tesorero del grupo de los doce, Judas Iscariote acordó con los sacerdotes la identificación y entrega de Jesús de Nazareth, en una infame transacción por 30 monedas de plata, preparando el escenario para lo que serían las últimas 48 horas de vida humana del salvador de la humanidad.
De ese momento en adelante, los eventos históricos conducentes a la crucifixión de Cristo se producen a gran velocidad.
La cronología no se detuvo y el jueves Jesús sabía lo que le venía. Eran horas de gran tensión emocional para el Mesías, y pudiéramos imaginar e inclusive especular todas las cosas que pasaban por su mente, toda vez que Jesucristo conocía su condena a muerte antes de que se produjeran los hechos, y así estaba escrito que sucedería.
«¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles? ¿Pero cómo entonces se cumplirían las Escrituras, de que es necesario que así se haga? ”. Mateo 26:53-54
Jesús prepara a los suyos para lo que sucedería:
Es claro que en la mente de Jesús, el joven líder, el amigo, el Mesías, se volcaban muchos pensamientos y emociones, pero sobre todo una inmensa responsabilidad en las horas finales para la culminación de su misión en la tierra.
Igualmente claro está, que en el cielo los ojos del Padre y su reino entero estaban puestos sobre su hijo, sobre la vieja Jerusalén y la orda de asesinos victimarios.
Tampoco cabe duda de que Satanás y sus huestes estaban vigilantes, al acecho y alborotados, listos para derramar la sangre del cordero y sacar de escena física a su enemigo y máximo exponente del reino de Dios sobre la tierra.
Jesús pensó en su despedida y la planificó:
Recordemos que transcurría la Pascua, un período de siete días, donde se conmemora la liberación del pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto. Y como parte de la festividad religiosa está el ritual de comer pan sin levadura.
Jesús dió instrucciones ese jueves para efectuar una cena en el contexto de esa celebración, su última cena, en donde pondría al tanto a su equipo de lo que acontecería.
«El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, vinieron los discípulos a Jesús, diciéndole: ¿Dónde quieres que preparemos para que comas la pascua? Y él dijo: Id a la ciudad a cierto hombre, y decidle: El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa celebraré la pascua con mis discípulos. Y los discípulos hicieron como Jesús les mandó, y prepararon la pascua.
Cuando llegó la noche, se sentó a la mesa con los doce. Y mientras comían, dijo: De cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar. Y entristecidos en gran manera, comenzó cada uno de ellos a decirle: ¿Soy yo, Señor? Entonces él respondiendo, dijo: El que mete la mano conmigo en el plato, ese me va a entregar. A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de él, mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido. Entonces respondiendo Judas, el que le entregaba, dijo: ¿Soy yo, Maestro? Le dijo: Tú lo has dicho». Mateo 26: 17-25

Getsemaní y la entrega de Cristo:
Después de cenar se dirigieron al Monte de los Olivos y luego, junto a los apóstoles Pedro, Santiago y Juan, estos últimos dos hijos del pescador Zebedeo, fueron al Getsemaní, área de cultivo, donde ubicaba la prensa de olivos para la extracción de aceite.
«Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo. Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú». Mateo 26: 38-39
Las oraciones de Jesús fueron intensas al punto de la agonía y de sudar sangre: «Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra». Lucas 22: 44
Cabe señalar, que esta situación o síntoma es conocido como hematohidrosis, y se describe como una rara condición, donde los vasos sanguíneos capilares bajo las glándulas sudoríparas se rompen, causando que la sangre exude.
La hematohidrosis ha sido documentada en casos de estrés extremo, así que podemos imaginar los niveles de estrés y angustia al que estuvo sometido el joven Jesús, de tan solo 33 años.
Esa misma noche, y posterior al Getsemaní, Jesús fue entregado por Judas con el beso de la traición; fue arrestado; Pedro lo negó tres veces y fue llevado al palacete del sumo sacerdote Caifás, donde lo esperaban el Consejo de judíos ancianos y escribas para ser enjuiciado a toda velocidad.
La agenda era clara: formularle cargos de blasfemia contra el Sanedrín y sedición contra Roma; encontrarlo culpable y sentenciarlo a muerte, para lo que necesitarían el aval del gobernador romano de Judea, Poncio Pilatos, quien llevaba siete años ejerciendo el cargo.




