Cuando los médicos advirtieron
sobre los coágulos y las vacunas
Los llamaron lunáticos y desinformantes


Prácticamente todos en la vida quisieran ser valientes… No hay películas ni libros sobre la vida de cobardes, donde no emerja la figura de un valiente. En todos los campos y profesiones han existido hombres y mujeres valientes. Vaya nuestro respeto y admiración a esos que han despejado con valentía el camino, para el paso seguro de futuras generaciones.
J. Santiago Gabrielini
Cada día son más los casos de muerte «súbita», personas con trombos y coágulos, particularmente en gente joven o relativamente joven. Basta con observar por un momento las historias y obituarios en las redes sociales, para distinguir que algo no parece estar bien o al menos no como antes.
Transcurría 2021 y los medios estaban eclipsados en un tema omnipresente: la pandemia del COVID- 19 y la vacunación.
Se trataba de una sustancia nunca antes probada en seres humanos, aprobada en Estados Unidos bajo un decreto de emergencia federal, ante la alegada inexistencia de fármacos que combatieran la mortal infección viral, que aunque muchos aún no lo crean, o no puedan comprenderlo, nunca superó el 1.5% de letalidad en EE.UU. continental ni en Puerto Rico; cifra muy por debajo en comparación a otras enfermedades infecciosas comunes.
Corría el dinero en todas direcciones. Las compuertas de las arcas del oro del gobierno federal se habían abierto. Médicos, junto a salubristas en general; así como medios de comunicación, comunicadores y periodistas, nunca habían visto tanto dinero fácil y legal en sus vidas: tan solo por promover y ayudar a forzar la vacunación en la población.
¿A quién le importaba que desde hacía cerca de 20 años los experimentos con la tecnología ARNm de las «vacunas» contra coronavirus, no tan solo habían sido un fracaso, sino que todos los animales de laboratorio inoculados morían precozmente a causa de envejecimiento celular acelerado, tumores, coágulos y deterioro en sus sistemas respiratorios?¿A quién le importaba? Se trataba de una emergencia de «vida o muerte» que justificaba el experimento. Además ¿quién se enteró de eso?
Todavía hoy, gente considerada culta y preparada, no investiga el asunto, rechaza el tema y continúa depositando su confianza ciega, ahora convertida en apuesta, en los verdaderos desinformadores y omisores de información trascendental para la población. Una información suprimida, que limitó y trastocó el concepto de decisión informada.
De hecho, en el frenesí mediático del COVID-19, surgieron hasta los llamados «fact checkers», que no eran sino los mismos desinformadores, disfrazados de autoridad, reafirmando su discurso, velando como cabros sus lechugas y calificando de «desinformantes» a gente seria que decían la verdad.

La actual avalancha de coágulos en gente joven, empíricamente hablando, parece tener su origen en las vacunas del COVID. Esto por guardar prudencia y recato, y no adjudicar que el principal responsable de la avalancha de coágulos y muertes repentinas de personas jóvenes o relativamente jóvenes y saludables en 2026, es el advertido efecto a mediano y largo plazo de las vacunas del COVID. No es un rol que como periodista me corresponda.
Este periodista, quien aquí suscribe, llevaba largos años ganándose la vida haciendo prensa escrita en este medio NUEVA ISLA. Un medio digital al margen del capital, que ya venía cosechando éxito por su compromiso con el fundamento rector del periodismo: cubrir todos los ángulos de una noticia, no discriminar y darle la oportunidad a todos los sectores de expresar sus puntos de vista, más aún si se trata de partes involucradas o peritos en sus respectivas materias.
El trabajo del periodista responsable no es concluir, señalar o adjudicar en un tema controvertido con opiniones encontradas, sino investigar e informar todos los ángulos de una noticia, sin prejuicio; inclusive aquellos ángulos o aspectos en los cuales no necesariamente cree, respalda o patrocina.
Un periodista no determina o adjudica qué son «mitos» y qué son «realidades», mucho menos bloqueando u omitiendo las versiones de cualquiera de las partes involucradas y la evidencia pericial que puedan presentar.
Comencé a investigar el asunto de las vacunas del COVID- 19 durante el primer trimestre de 2021. Lo hice inicialmente desde una perspectiva personal, contemplando la vía correcta para inocularme con el producto más seguro y efectivo, tanto para mi, como para mi esposa e hijas menores.
El «bombardeo» mediático era brutal: «¡vacúnese!»; «hágalo por usted, su familia y sus semejantes»….»El beneficio supera los riesgos», etc.
En la internet, donde la información comenzaba a ser vedada o filtrada en una escala sin precedente, encontraba una que otra información disidente con peso científico a partir de la cuarta o quinta página de resultados.
Por suerte del destino, en mi búsqueda tropecé con el testimonio de la doctora inmunóloga argentina Dra. Roxana Bruno, advirtiendo abiertamente y con fuertes argumentos científicos sobre el daño potencial de esas vacunas ARNm experimentales.
La inmunóloga mencionó un artículo publicado en Wiley European Journal of Inmunology, el cual abrió un mundo de información y alarma para este periodista.
Todavía hoy en día, Bruno, igual que muchos otros científicos, está marcada como desinformadora, pero los datos son los datos, y al final del camino, esos datos contradictorios a las versiones oficialistas del Estado, los produjeron científicos asumiendo riesgos, en costosos y sacrificados estudios de investigación, y no plumazos realizados en plataformas de «chequeo», muchos de ellos por redactores inescrupulosos que poco le importaba mancillar la reputación de médicos especialistas con vasta preparación en sus respectivos campos profesionales.

Una cosa me llevó a la otra, y comenzaron a emerger nombres, estudios y teorías bien presentadas, con elaborados datos de investigación científica, expuestos por científicos serios, con hojas de servicio intachables, tales como: Dr. Louc Montagnier, Dr. Robert Malone, Dr. Roger Hodkinson, Dr. Sucharit Bhakdi, Dr. Ryan Cole, Dr. Peter McCullough y muchos otros, al punto de entrar por una puerta, donde habían cientos o miles de médicos y científicos opuestos a esta substancia, advirtiendo sobre la peligrosidad de estas vacunas, asegurando, entre otras cosas, que se trataba de una terapia genética, con componentes tóxicos, contrarios a la salud y la vida.
Entre las primeras señales que estos médicos observaban en sus estudios, destacaban los coágulos.
Esto, entre cientos de reacciones adversas que la propia Pfizer había publicado en sus informes ante la FDA y que en las primeras fases de la vacunación permanecieron ocultos.
Cada vez más personas son reacias a leer, e inclusive, ya ni están dispuestas a ver y escuchar videos de más de dos minutos de duración, por lo que si usted ha llegado a este punto de la lectura, puede ser parte de las excepciones o tiene interés particular en este tema.
Puerto Rico jugó un papel clave en latinoamérica, con un grupo de valientes médicos que se hicieron eco de sus colegas a nivel mundial, y produjeron sus propias investigaciones y advertencias a la población.
Por razones que estos médicos boricuas sabrán, este periodista comenzó a recibir llamadas de docenas de médicos y científicos, que aún con fuertes temores a las consecuencias gravitando en sus mentes, los guiaba el amor y el compromiso con la ciencia y sus pacientes, en su conciencia y corazones.
Un nutrido grupo de médicos boricuas, aún con reservas y temores a represalias, permitió que los entrevistara.
Lo mismo sucedió con docenas de víctimas que sufrieron trombos, severas reacciones anafilácticas, respiratorias, dermatológicas y neurológicas.
Le hice llegar la información, junto a las entrevistas a la Asociación de Periodistas de Puerto Rico (ASPPRO), haciéndole un llamado para su apoyo y divulgación a la ciudadanía. Algo que nunca sucedió, por lo que el pueblo de Puerto Rico no tuvo la oportunidad de aquilatar y conocer de forma masiva lo que médicos generalistas, pediatras, cardiólogos, infectólogos, inmunólogos, epidemiólogos, y otros especialistas puertorriqueños advertían.
Mientras tanto, canales, estaciones y medios de prensa escrita «hacían su agosto» en pautas publicitarias dirigidas a una vacunación nunca antes vista de dosis tras dosis, cuya alegada protección contra la infección llegó a ser práctica y expresamente nula, manteniendo un conveniente discurso sobre una protección contra hospitalización y muerte. Una alegada «protección» basada en convenientes elementos subjetivos, más que en datos e investigación científica.
El gobierno, continuaba a toda máquina, accediendo a fondos pandémicos prácticamente ilimitados, para promocionar y cumplir métricas de vacunación. Mientras valerosos médicos boricuas continuaban informando y advirtiendo, como podían, sobre la peligrosidad del nuevo producto farmacéutico.
La mayor parte de la población puertorriqueña desconocía esto; los jueces y tribunales desconocían esto; la mayoría de los políticos desconocían esto. Gobierno y medios fueron eficientes en ocultar esto, estigmatizando como lunáticos, desinformantes y antivacunas a todo aquel que osara decir lo contrario, incluyendo a los médicos y científicos.
Todos los médicos opositores entrevistados por este periodista, en el primer lugar de sus advertencias y observaciones, colocaban en primer plano los coágulos, junto al recrudecimiento de condiciones preexistentes y el alto poder inflamatorio de esta substancia, creada para que las propias células del cuerpo produjeran la proteína tóxica de la cual está hecho el coronavirus, junto a un coctel de peligrosos nanocomponentes, los cuales juegan un papel central en la formación de coágulos. Incluso, llamó mi atención las declaraciones de una inmunóloga entrevistada, que aseguró que la toxicidad del producto, sumado a la frecuencia de las dosis, podían erosionar de tal manera el sistema inmunológico, al punto de crear un tipo de síndrome de inmunodeficiencia, parecido al SIDA.
Entre los hallazgos de este periodista en Puerto Rico, más allá de las numerosas entrevistas a médicos y víctimas de esa sustancia, se encuentra el dato de que cientos de médicos en la isla nunca se inocularon con estas vacunas.
Otro dato importante fue la revelación de que en Puerto Rico nunca hubo por definición un «estado de emergencia» a causa del COVID-19, y así fue confirmado en una entrevista realizada por este periodista con el distinguido médico, Dr. Fernando Cabanillas, no empece a que es y ha sido un férreo defensor de estas vacunas.
Todas las entrevistas a estos médicos fueron en extremo reveladoras e interesantes, todas. Sin embargo, con relación al tema de los coágulos que nos ocupa en esta nota, les dejo abajo la entrevista con la cardióloga Dra. Julia Vázquez Martirena. Una entrevista que tiene su historia, y que un día les contaré, la cual dio inicio cuando su hijo llegó donde mi y me dijo que su madre quería hablar conmigo.
El testimonio de esta doctora fue sencillamente contundente y alarmante: gran parte de sus pacientes, muchos de ellos jóvenes, observaban la formación de coágulos en sus cuerpos a partir de la vacunación contra el COVID-19. Una entrevista a una experimentada cardióloga, realizada en las primeras fases de la vacunación, la cual todos deberían escuchar.
Mucho escucharemos del asunto de los coágulos, trombos y embolias en gente joven y no tan joven, hasta que algún día se revele la verdad que estos valientes médicos puertorriqueños divulgaron, en torno al daño irreparable de las vacunas del COVID-19. Una información de primera mano, sustentada con prueba científica, documental, experiencial y directa, que fue advertida oportunamente y a tiempo, la cual fue obstruida por los custodios de la desinformación o más conveniente aún: los creativos y siempre simpáticos expertos en omisión de información, que bailan y responden al son de intereses económicos, detrás de encumbrados discursos de ética y transparencia.
El autor es periodista acreditado por el Departamento de Estado de Puerto Rico
Miembro de la Asociación de Periodistas de Puerto Rico (ASPPRO)
Miembro de la Asociación Nacional de Periodistas Hispanos (NAHJ), Wa.DC




