Captura la imaginación
mensajes de amor
descubiertos en Pompeya
Ocultos en antigua excavación de 1794

Redacción Nueva Isla
viernes 13 de febrero de 2026
En la antigua ciudad de Pompeya, sepultada por la erupción del Monte Vesubio en el año 79 d.C., un humilde corredor vuelve a ofrecer nuevas claves sobre la vida cotidiana de sus habitantes. No se trata de grandes villas ni de frescos monumentales, sino de casi invisibles grafitos con mensajes de amor que han salido a la luz gracias a la tecnología digital.
El corredor o pasadizo, que conectaba los teatros con la vía Stabiana, había sido excavado en 1794. Desde entonces se habían registrado unas 200 inscripciones en sus muros, conocidas por su tono directo y a veces provocador. Sin embargo, investigaciones recientes realizadas entre 2022 y 2025 por un equipo internacional elevaron la cifra a cerca de 300. De esos, alrededor de 80 textos que habían pasado desapercibidos hasta ahora, han captado la atención de los investigadores.
El resultado de esta investigación divulgada a fines de enero de 2026 en el e-Journal degli Scavi di Pompei, foro digital donde universidades y centros de investigación publican sus trabajos, trajo a la luz aún más datos de la vida, sentimiento y forma de pensar de los moradores de Pompeya.

Como resultado, se logró obtener un modelo tridimensional que permite aplicar luz rasante acentuando las superficies texturizadas sobre cada centímetro del muro, creando una tercera dimensión donde emergieron escritura e imágenes.
Las paredes del corredor revelan un mosaico de voces: confesiones amorosas, insultos, alusiones sexuales, nombres repetidos de firmantes insistentes, dibujos de gladiadores en combate, y más. El espacio funcionaba como un foro público de la antigüedad, una suerte de red social grabada sobre el enlucido rojo y amarillo de una zona muy transitada.
Gabriel Zuchtrieger, arqueólogo y director del parque arqueológico de Pompeya lo describe como «una especie de tablón de anuncios, una red social o un chat. Con sus incisiones en el yeso, los pompeyanos dejaban mensajes, historias, saludos, insultos o dibujos».
Entre los nuevos hallazgos destaca una breve inscripción que comienza con el nombre de una mujer, Erato, seguido de una declaración inequívoca: “Erato ama…”.
Aunque el resto del mensaje se ha perdido por la erosión, su inicio es claro, elocuente y sugestivo: se trata del amor manifiesto de una mujer.
La expresión ubicada en la parte alta de un zócalo pintado, presenta rasgos paleográficos y una forma verbal arcaica que podrían situarla en una fase temprana, quizá en la época republicana tardía, más de un siglo antes de la erupción que selló la ciudad.
El nombre Erato aparece documentado en contextos de esclavitud y emancipación en el mundo romano, lo que abre interrogantes sobre su identidad: ¿fue una esclava enamorada o una mujer libre que quiso dejar constancia de su pasión? Aunque no hay respuesta definitiva, el hallazgo refuerza la idea de que la alfabetización femenina en Pompeya no era una excepción, sino que estaba ampliamente difundida. Las mujeres no solo leían estos mensajes, sino que también contestaban públicamente, convirtiéndose, como mencionamos anteriormente, en un tipo de red social de la época.
Hablamos de un corredor de más de 245 pies de longitud y cerca de 10 pies de ancho, el cual comunicaba directamente con los teatros. Y aunque Pompeya era una ciudad repleta de textos e imágenes en lámparas, frescos, grafitos y tumbas, la sensación de descubrir plasmada las emociones la traen de vuelta al presente, a nuestro mundo, a lo que era, es y seguirá siendo el ser humano.
En ese corredor que servía de pasaje, refugio del sol o la lluvia, se conversaba, se negociaba, se transitaba hacia la diversión e inclusive al encuentro lícito o ilícito. Y sirvió de cofre donde dejar plasmado sentimientos, en busca de gritarlo a los cuatro vientos y tal vez, en busca de consignar en el tiempo, en brazos de la perpetuidad, aquello que pudo o no pudo ser.
Junto a Erato reaparecen otras voces aún más elocuentes: despedidas apresuradas, súplicas a Venus para proteger relaciones amorosas y declaraciones escritas por personas esclavizadas que se atrevieron a hacer públicos sus sentimientos. Entre ellos:«Methe esclava de Cominia, de Atella, ama a Chresto en su corazón. Que la Venus de Pompeya les sea propicia y que vivan siempre felices«. Otro lee: «¡Tengo prisa! Que te vaya bien, mi Sava, di que me quieres».
En conjunto, estos grafitos transforman el corredor en un espacio donde lo íntimo se volvía visible y donde, siglos después, la ciudad enterrada sigue revelando la dimensión más humana de su historia.




