Moléculas orgánicas del

espacio pudieron

generar vida en la Tierra

Aparecen componentes ADN en asteroide

Asteroide Bennu1

Redacción Nueva Isla

viernes 19 de diciembre de 2025

Como creyentes, este artículo basado en estudios científicos no desafía ni pone en duda el origen de las especies y el ser humano descrito en la Biblia, sino que atiende la probabilidad desde el punto de vista científico del origen de vida en la Tierra y en cualquier otro planeta donde pudiera presentarse, en un marco y bajo la premisa de que todo surge de la mano de Dios, de sus caminos misteriosos y desconocidos por el hombre.

Un estudio científico basado en el análisis de polvo extraído por la sonda espacial OSIRIS-REx del asteroide Bennu, un asteroide primitivo de 1,500 pies de diámetro, revela la alta probabilidad de que moléculas orgánicas transportadas en estos cuerpos celestes, los cuales han colisionado durante miles de años con la Tierra y otros planetas, hayan propiciado la formación de vida. Veamos de qué se trata y cómo se puede llegar a esta conclusión.

Como es rigor en las publicaciones de NUEVA ISLA primero vamos con los fundamentos: El estudio científico al que hacemos referencia, dirigido por un grupo de investigadores encabezados por Yoshihiro Furukawa y Sako Sunami, del Departamento de Estudios de la Tierra de la Universidad de Tohoku, en Japón; fue publicado en la revista Nature Geoscience el 2 de diciembre de 2025.

A continuación su abstracto íntegro: “Desde hace tiempo se ha hipotetizado que el transporte de moléculas orgánicas desde el espacio, como las halladas en meteoritos carbonáceos, fue la fuente del inventario de la vida primitiva en la Tierra. Esta hipótesis se ve reforzada por la detección de dos de los componentes fundamentales de la vida —nucleobases y aminoácidos que forman proteínas— en muestras prístinas recuperadas por sondas espaciales desde los asteroides carbonáceos Bennu y Ryugu. Sin embargo, la vida también requiere azúcares, cuya presencia en Ryugu no es posible debido a la limitada masa disponible, y su presencia en algunos meteoritos es dudosa debido a la exposición terrestre. En este trabajo, analizamos un extracto de una muestra del asteroide (101955) Bennu, recolectada por la sonda espacial OSIRIS-REx, e identificamos varios azúcares bioesenciales, como la ribosa (azúcar del ARN) y la glucosa (sustrato del metabolismo). Estos azúcares completan el inventario de ingredientes cruciales para la vida. Su distribución coincide con la de los productos de condensación de la solución de formaldehído. Dado que Bennu contiene formaldehído y proviene de un antiguo asteroide progenitor que sufrió una alteración prolongada por fluidos acuosos, postulamos que los azúcares detectados se formaron en el asteroide progenitor a partir de salmueras que contenían formaldehído. Esto indica que material con los tres componentes necesarios para la vida podría haberse dispersado en la Tierra prebiótica y otros planetas interiores”.

En “arroz y habichuelas” como decimos los boricuas, las muestras recogidas por la sonda, presentaron los componente fundamentales para la vida: nucleobases, aminoácidos que forman proteínas y azúcares, provenientes de un cuerpo celeste perdido en el espacio.

Asteroide Bennu2
En declaraciones de Furukawa, recogidas en una publicación de la revista Explora de la NASA, el científico expresa: “Las cinco nucleobases utilizadas para formar tanto el ADN como el ARN, junto con los fosfatos, ya han sido halladas en las muestras de Bennu traídas a la Tierra por OSIRIS-Rex. El nuevo descubrimiento de ribosa significa que todos los componentes para formar la molécula de ARN están presentes en Bennu… La vida actual se basa en un sistema complejo organizado principalmente por tres tipos de biopolímeros funcionales: ADN, ARN y las proteínas. Sin embargo, la vida primitiva podría haber sido más simple. El ARN es el principal candidato para ser el primer biopolímero funcional porque puede almacenar información genética y catalizar muchas reacciones biológicas”, explicó Furukawa.

Pero antes de ir más allá, respondamos la pregunta de cómo llega esta muestra a la tierra. Y ya sabemos que fue a través de la misión OSIRIS-REx de la NASA.

La misión OSIRIS-REx de la NASA:

Esta sonda lanzada al espacio en 2016 logró posarse sobre Bennu en 2020 y recolectar 121 gramos de muestras, logrando regresar a la Tierra en septiembre de 2023.

El Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA proporcionó la gestión general de la misión, la ingeniería de sistemas y la garantía y seguridad de la misión OSIRIS-REx.

Por su parte, Lockheed Martin Space, en Littleton, Colorado, construyó la nave espacial y proporcionó las operaciones de vuelo.

Las muestras traídas a la Tierra dieron origen a un primer proyecto de investigación liderado por el investigador principal de la misión: Dante S. Laureta y Harold Connolly, del Laboratorio Lunar y Planetario, de la Universidad de Arizona, publicado en junio de 2024.

Ese estudio inicial reveló que las muestras de Bennu contienen fosfato de magnesio y sodio, lo que supuso una sorpresa para el equipo de investigación, porque este tipo de minerales pueden encontrarse en la corteza oceánica de la Tierra y son característicos de mundos oceánicos. Algo que apunta a que este pequeño asteroide podría haberse desprendido de un mundo oceánico primitivo, desaparecido hace mucho tiempo en algún lugar de nuestra galaxia.

Pero como vemos, los estudios posteriores dirigidos por el grupo de investigación japones, son aún más reveladores y se complementan entre sí. Pero había algo más, algo que le ha levantado las cejas a los científicos: un tipo de goma primitiva petrificada que revela lo que podía faltar en la ecuación.

Un extraño hallazgo sin precedente científico:

Un estudio publicado a principios de diciembre de 2025 en la revista científica Nature Astronomy, bajo la dirección de Scott Sandford del Centro de Investigación Ames de la NASA en Silicon Valley, California, y Zack Gainsforth de la Universidad de California en Berkeley, revela la existencia de un material similar a la goma o a chicle mascado petrificado en las muestras de Bennu, algo nunca antes visto en rocas traídas del espacio.

Esta sorprendente sustancia probablemente se formó en los comienzos del sistema solar, a medida que el entonces joven asteroide se calentaba, un material que por su composición podría haber ayudado a preparar las condiciones para que emergieran los ingredientes de la vida.

“Alguna vez suave y flexible, pero endurecida desde entonces, esta antigua ‘goma espacial’ consiste en materiales similares a polímeros extremadamente ricos en nitrógeno y oxígeno. Tales moléculas complejas podrían haber proporcionado algunos de los precursores químicos que ayudaron a desencadenar la vida en la Tierra. Encontrarlas en las muestras intactas de Bennu es importante para los científicos que estudian cómo comenzó la vida y si esta existe más allá de nuestro planeta”, reza el artículo de la NASA.

Así pues, podemos quedar tan sorprendidos, como escépticos, pero a la luz de la evidencia científica no podemos negar la existencia de estos componentes fundamentales para el desarrollo de la vida en cuerpos celestes viajeros en el tiempo y el espacio, parte de un mozaico universal y pieza de evidencia, que pudiera responder no tan solo la pregunta sobre el origen de la vida en la Tierra y los mecanismos utilizados por Dios en su creación, sino a la pregunta: ¿Estamos solos o hay más vida en el universo?

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