Fuera de las  preferencias  de muchos de nues-
tros  lectores,  la llegada de un nuevo presidente
de  Estados Unidos  trae  consigo  optimismo  y
grandes  espectativas  para  los estados,  territo-
rios y el mundo.
La era de Joe Biden ha  dado  inicio,  sin embar-
go,  este presidente,  el  cuadragésimo sexto en
la historia, considerado  por muchos un presiden-
te de transición,  se  enfrenta  a uno de los perío-
dos más difíciles, desde la segunda guerra mun-
dial.   La  nación  más  poderosa  del  mundo se
encuentra  a  un  paso  de entrar en una seria cri-
sis económica y fiscal,  más allá de lo que se ha
visto  hasta  este  momento,  como  víctima  del
coronavirus.
Si la vacuna contra  el Covid-19,  vista  como la
panacea  y  "vendida" como el antídoto que pon-
drá  a  raya el devastador  e  implacable avance
de  la  pandemia,  resultara en un fiasco, debido
a diversas razones, siendo la primera de ellas la
mutación   permanente   y  avanzada  del   virus,
EE.UU quedaría sencillamente contra la pared.
No quiero ser ave  de  mal aguero y no soy para
nada pesimista, todo lo contrario. Pero en el ana-
lisis, hay que contemplar todas las posibilidades.
El estado, y me refiero al gobierno federal, igual
que  los  demás  gobiernos de los demás paises,
está tan frustrado, por no decir desesperado, co-
mo  sus  ciudadanos,  ante  un  flagelo que le ha
cortado  su vuelo,  su normalidad, su ritmo y que
le ha pasado una factura de vidas humanas que
muy pronto rondará el medio millón.
Bajo frustración y desesperación  nunca ha sido
bueno  tomar  decisiones importantes,  ni  en los
negocios  ni  en  el amor ni mucho menos en tér-
minos  de salud, donde se barajan  la  vida  y  la
muerte.
En ese marco de desesperación y frustración se
ha dado inicio a una  vacunación de emergencia
aprobada por la FDA,  la  misma que aprobó de
emergencia  la  utilización del Remdesivir (Hidro-
xi cloroquina), para luego retractarse.  
Hablamos de una  vacuna  que  utiliza  la misma  
tecnología que la  utilizada en la búsqueda de la
vacuna  contra  el SARS y MERS, la cual no fun-
cionó después de probarla en miles de primates
y  ratones,  a  los  cuales protegía brevemente y
luego los exponía a una infección dos veces ma-
yor,  tras  hacer  más  vulnerables  sus sistemas
inmunológicos. Al menos así fue reseñado en un
estudio  publicado en la prestigiada revista cientí-
fica
The International Journal of Clinical Practice.
Por esta razón la vacuna no fue aprobada.
De hecho, las constantes mutaciones han hecho
imposible el desarrollo de  una  vacuna para viru-
ses como el HIV.  
La vacuna contra el Covid-19 es  el experimento
masivo más grande de la historia. Un experimen-
to que apenas  comienza  a  arrojar resultados y
sobre el cual descansa la esperanza del planeta
en el regreso fugaz a una normalidad soñada.
Y eso queremos. Me uno a ese deseo y esperan-
za. Pero sin vendas en los ojos y fuera de la fila...
He entrevistado ya a seis médicos que han sido
enfáticos  en  que no  se pondrán la vacuna. Por
las anteriores  razones  y  otras que han esboza-
do.  La prensa  tradicional  no  está  cubriendo a
ese sector médico de miles de profesionales de
la salud que no confian en la vacuna existente.
De hecho,  es  un sector  silente que casi perma-
nece escondido para no ser cuestionado ni estig-
matizado  por  sus  pares  y colegas que se han
montado masivamente en la ola y la tendencia.
Hablamos  de  una  vacuna   que  fuera  de  sus
componentes  y  tecnología conocida,  hoy tiene
más preguntas que respuestas.
El escenario está seriamente complicado y esta
pandemia  está  próxima a escribir un funesto ca-
pítulo en la historia que la  separará abismalmen-
te de la pandemia de la gripe española de 1918,
la cual  ha servido como marco de referencia en
términos  del  relativamente ágil borrón y cuenta
nueva que presentó en su época.
Este es el mayor desafío que  enfrenta la nueva
administración  de  Biden,  un  desafío  que más
allá  de cualquier  otro  plan  o asunto, constituye
la médula de todo,colocando al poderoso gobier-
no en  una  especie  de  burbuja;  reduciendo ca-
da vez más  temas como: energía, defensa, etc,
en  puertos  de  menor importancia, ante la pérdi-
da  de  salud  y vidas en un escenario con olor a
muerte.
En palabras sencillas, mientras unos buscan ena-
jenarse  cada vez más para seguir con su rutina
de vida, otros siguen pensando en la bondad de
un mundo pasado. Desvincular la garra de intere-
ses  económicos  en  la  falta de transparencia y
filtración  a  cuenta  gotas  de  medias verdades,
resulta  ser  el  juego de una ingenuidad a conve-
niencia;  el chiste del hueco, la cabeza  y el fondi-
llo del avestruz.
Creo, y espero equivocarme,  que estamos ante
uno de  los  fiascos más grandes de la historia y
que el tramo  más tortuoso y complicado aún no
ha llegado,  pero  está  a la vuelta de la próxima
curva.
Es posible que como mal  que  por bien llega, el
mundo  aprenda  de  una vez  y por todas a con-
fiar menos  en  los  viejos sistemas, en los llama-
dos  peritos o expertos, en su propia lógica... Lo
que  antes  fue  ya no es del todo cierto y quizás
nos  acercamos  cada vez  más  al nuevo orden
mundial que mencionan los "loquitos" de las "teo-
rías conspiratorias".
NOTA EDITORIAL
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Por: José Santiago Gabrielini
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