Al «picador» exprimer
ministro británico por
negligencia en pandemia
No encerró la gente a tiempo


viernes 21 de noviembre de 2025
Una investigación ordenada por el propio exprimer ministro británico Boris Johnson en mayo de 2021, publicada el 20 de noviembre de 2025, concluyó que la respuesta de su gobierno ante la pasada pandemia del COVID- 19, fue tóxica, caótica e indecisa y responsable de al menos 23,000 muertes por no confinar a tiempo a la gente.
Según la presidenta de la investigación, la exjueza Heather Hallett: «Hubo una cultura tóxica y caótica en el núcleo del Gobierno británico durante la pandemia», expuso en su informe Hallett.
«El señor Johnson debería haber comprendido antes que se trataba de una emergencia que requería el liderazgo del primer ministro para inyectar urgencia a la respuesta», expresó la exjueza, quien alega que si Johnson hubiera decretado el encierro una semana antes, el 16 de marzo de 2020 y no el 23 de marzo, como en efecto lo hizo, el número de muertes en la primera oleada se habría reducido en 23,000 fallecimientos.
Alegadamente, el liderazgo de Johnson fue en extremo indeciso e incumplió sus propias normas: “Muchos testigos hablaron de la tendencia del señor Johnson a cambiar de opinión al tomar decisiones y de su renuencia a tomar decisiones difíciles… Era comprensible que el Sr. Johnson se debatiera entre las trascendentales decisiones que debía tomar, sobre todo al inicio de la pandemia. Sin embargo, su indecisión persistió a lo largo de 2020, a pesar de una mayor comprensión de las características del virus… el Sr. Johnson cambió repetidamente de opinión sobre si introducir restricciones más severas y no tomó decisiones oportunas… La indecisión del Sr. Johnson permitió que el virus siguiera propagándose rápidamente y, en última instancia, derivó en un confinamiento de cuatro semanas a partir del 5 de noviembre de 2020”, reza el informe.
Pero el informe no se limita a la pandemia y extiende su lenguaje a la crítica política, así como menciona una cultura “machista” en su gobierno, señalando “una falta de diversidad de género, racial y socioeconómica entre los ministros y asesores de alto rango que participaban en las estructuras clave de toma de decisiones”.
Durante la pasada pandemia, que cada vez más ha sido calificada de pLandemia por sectores críticos de la población local y mundial, e inclusive por sectores científicos, hubo una serie de factores que produjeron sinnúmero de muertes en su etapa inicial. El primero de estos factores fue la ausencia de un protocolo de atención médica, enmascarado detrás de la falsa alegación de que como se trataba de un patógeno nuevo, que probablemente provenía de un murciélago, no había tratamiento posible.
Cabe señalar, que los coronavirus han estado entre nosotros por un largo período de tiempo, siendo descubiertos en 1965.
En sus inicios, el “protocolo” mundial contra el COVID -19 fue diagnosticar y enviar sin tratamiento alguno a los enfermos para su casa, donde había un “monitoreo de casos”, y donde a la sazón contagiaban a sus familiares. A los pocos días regresaban a las salas de emergencia con complicaciones de neumonía, para entonces terminar siendo entubados con respiradores artificiales, un procedimiento contraindicado en estados de alta inflamación en el tracto respiratorio. El resultado era completamente predecible: la muerte del paciente.
Se prohibió y demonizó la administración de todos los fármacos antivirales existentes, útiles para tratar coronavirus.
En “ausencia de fármacos” útiles, y en medio de una pandemia “sin tratamiento”, se declaró el estado de emergencia que permitía el uso de medicamentos experimentales, como las vacunas contra el COVID-19. Un producto nunca antes probado en humanos y cuyos experimentos en ratones de laboratorio habían provocado su muerte envejecidos precozmente a causa de coágulos y problemas respiratorios.
De repente, la crisis tenía una solución: vacunas y más vacunas experimentales, forzadas a ser inoculadas mediante diversos mecanismos de control social, cuya garantía era de hasta un 95% de efectividad contra la infección, es decir, un escudo contra el COVID-19. Una divulgación pública del sector oficialista, la cual pudiera calificarse de “promoción engañosa”, toda vez que la misma terminó en retroceso gradual, hasta determinar que prácticamente la inoculación no protegía de infectarse, pero sí contra hospitalización y muerte. La mayoría de la población no cuestionó, toda vez que lo decían “los expertos”.
Se prohibió el uso del fármaco ivermectina, calificándola falsamente como “veneno para caballos”; y hasta el día de hoy hay prensa irresponsable y médicos irresponsables que no informan que se trata de un medicamento mayormente utilizado como antiparasitario creado para uso humano, con formulación veterinaria como muchos otros fármacos, cuyos descubridores: el irlandés William C. Campbell, el japonés Satoshi Ōmura y a la china Youyou Tu, ganaron el Premio Nobel de Medicina en 2015.
Muchos médicos utilizaron la ivermectina y otros fármacos de manera efectiva contra el COVID-19 salvando una inmensa cantidad de vidas. Estos médicos de vocación y no mercaderes de la ciencia, fueron proscritos y hasta se les suspendieron sus licencias en algunas jurisdicciones.
Algunos de estos médicos en Estados Unidos demandaron a la Administración de Drogas y Alimentos (FDA), ganando la demanda. El 8 de agosto de 2023, Ashley Cheung Honold, abogada del Departamento de Justicia que representaba a la FDA publicó: “La FDA reconoce explícitamente que los médicos tienen la autoridad para recetar ivermectina para tratar el COVID”.
Una inmensa cantidad de médicos nunca se vacunaron. Un sector cada vez mayor de médicos y científicos reconocen frecuentes y serias reacciones adversas como legado y secuela de esas vacunas.
Hay vasta literatura científica al respecto, y este medio NUEVA ISLA, igual que otros medios responsables a nivel mundial, aquellos cuyas líneas editoriales no están “hipotecadas” a cambio de publicidad y dinero, hemos publicado esta data ininterrumpidamente. Una información que al día de hoy, cinco años después del inicio de ese nefasto evento de la historia de la humanidad, aún muchas personas desconocen, precisamente por la irresponsabilidad de una prensa sesgada.
En Puerto Rico, docenas de médicos serios, responsables, valientes y comprometidos, advirtieron sobre la antes descrita situación, criticando la ausencia de protocolo y bloqueo farmacológico, así como la alta peligrosidad de las vacunas contra el COVID-19. Voces que se unieron a miles de médicos a nivel mundial que hacían lo propio.
Siendo estos los datos corroborables, no son pocos los que opinan que no fue Johnson el responsable de las muertes que se le imputan, entendiendo que una semana antes o una semana después no hacía diferencia significativa alguna, ante la ausencia de protocolo y el bloqueo en la administración de fármacos económicos, útiles y efectivos contra el coronavirus.
El autor es periodista acreditado por el Departamento de Estado de Puerto Rico
Miembro de la Asociación de Periodistas de Puerto Rico (ASPPRO)
Miembro de la Asociación Nacional de Periodistas Hispanos (NAHJ), Wa.DC





