ONU, UNESCO y OMS

preparan mecanismos de

censura y control

de “desinformación”

lunes 27 de noviembre de 2023

Desde la Declaración de Windhoek, emitida por la UNESCO en mayo de 2021 durante la Conferencia Internacional del Día Mundial de la Libertad de Prensa en Windhoek (Namibia), se ha estado dando forma, dentro de un impecable y muy bien pensado marco y discurso, el cual enarbola los derechos humanos, la protección del periodismo y la libre expresión, precisamente a todo lo contrario: mecanismos de fiscalización, control y censura de lo que se publica en las redes y plataformas digitales, bajo el lema de “Una Internet Confiable”.
Una internet confiable que no permita la divulgación de “desinformación” que ponga en riesgo los objetivos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), a la cual está adscrita la UNESCO, y la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el contexto de la Agenda 2030 para un Desarrollo Sostenible.
La Declaración de Windhoek estipula en sus expositivos iniciales que: “La información es un bien común al que toda persona tiene derecho y que, como tal, es tanto un medio como un fin para el cumplimiento de las aspiraciones humanas colectivas, incluidos los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 y la Agenda 2063 de la Unión Africana… como bien común, la información capacita a los ciudadanos para ejercer sus derechos fundamentales, apoya la igualdad de género y permite la participación y la confianza en la gobernanza democrática y el desarrollo sostenible, sin dejar a nadie atrás, y de que la información como bien público es también un pilar fundamental para la eficacia de las medidas destinadas a hacer frente a las emergencias mundiales, como las crisis climática y sanitaria, y específicamente la pandemia de COVID-19… Reconociendo la función del periodismo en la producción y difusión de información de interés público, especialmente en tiempos de crisis, y poniendo de relieve la importancia primordial de que esta función permanezca libre de apropiación o influencias distorsionadoras”, reza el documento.
“Influencias distorcionadoras” como fue la divulgación mediante entrevistas serias a médicos y científicos de los riesgos, la alta toxicidad e ineficacia de las vacunas contra el COVID-19, para lo que la UNESCO, ONU y OMS ahora elaboran guías férreas de fiscalización, sanción y censura, recabando el apoyo de las naciones y autoridades gubernamentales para crear los mecanismos para que algo así no vuelva a suceder.

Todo esto, mientras comités congresionales en EE.UU., encabezados por los republicanos, investigan los orígenes del COVID-19, los efectos adversos de las vacunas y la censura institucional en el gobierno de Joe Biden.
Lo cual crea un sorbo de esperanza en medio del avance de un control y censura aún mayor, ante lo que la ONU y OMS han vaticinado como crisis globales, de índole medio ambientales, alimentarias, económicas y de salud, cada vez mayores e inminentes.

A toda marcha plan de control y censura:
En febrero de 2023, la UNESCO emitió las “Directrices para la Gobernanza de las Plataformas Digitales”, en donde bajo el mismo discurso de “protección” de la libre expresión, establece lo que denominan “gobernanza de las plataformas digitales”, que se encargará “de aquellos contenidos que pueden restringirse lícitamente en virtud de la normativa internacional en materia de derechos humanos”, y promueve “procesos de mitigación de riesgos basados en sistemas para la moderación y curación de contenidos”.
Estas directrices exigen de los gobiernos crear normativas reguladoras de contenido en las redes, plataformas y portales de usuarios de internet, estableciendo restricciones que respeten “las condiciones de legalidad, fin legítimo, necesidad y proporcionalidad”.
También exigen de los gobiernos: “Disuadir encarecidamente a las personas funcionarias públicas, incluso a través de medidas como códigos de conducta profesionales, de difundir desinformación, incluida la desinformación de género y la información errónea, e intimidar o amenazar a los medios de comunicación…”, reza el documento.
Detrás del discurso altruista y humanitario, contra el odio por raza, credo y género, se encuentra gravitando de manera omnipresente el amplio espectro de la “desinformación” y el denominado “bien común”, sobre el cual se establecen las restricciones, censura, eliminación de contenidos y sanciones, para lo cual han acuñado el término “rendición de cuentas”.

La OMS y el puntillazo final:
Para culminar todo este alineamiento en torno a lo que aparecería publicado y publicable en esta nueva “Internet Confiable”, la OMS se prepara para someter a votación en mayo de 2024 en el pleno de la Asamblea Mundial de la Salud, a efectuarse en Ginebra, Suiza, las abarcadoras, comprometedoras y controvertidas enmiendas al Reglamento Imternacional de la Salud (RIS).
Entre estas enmiendas, se encuentra la obligatoriadad de los 193 países miembros de la ONU y la OMS, de poner en vigor de manera automática, cualquier decreto de emergencia de la OMS, por encima de cualquier ley estatutaria de los estados, incluyendo: vacunación obligatoria, encierros, racionamientos, interrupciones, etc.; así como censurar, eliminar y sancionar la “desinformación” y a los “desinformantes”.
De esta manera, es completamente previsible la imposición de coartantes mecanismos de control, basados en un doble discurso, sostenido en torno a derechos humanos y protección de la libre expresión, así como la creación de reguladores que establezcan la definición y parámetros de lo que será el nuevo estado de censura en aras del bien común y las consecuencias de “desinformar” bajo el Nuevo Orden Mundial y la Agenda 2030.

 

El autor es periodista acreditado por el Departamento de Estado de Puerto Rico                                Miembro de la Asociación de Periodistas de Puerto Rico (ASPPRO)
Miembro de la Asociación Nacional de Periodistas Hispanos (NAHJ), Wa.DC