HISTORIA Y CULTURA

El parentesco caborojeño

de los túneles de Mayagüez

ladrillo1
foto articulo Javier Cesani Roman1c
lunes 6 de julio de 2026
Están de moda en la palestra pública los viejos túneles, pero no los sangermeños, sino los de Mayagüez. Con la diferencia, que el túnel de San Germán encapsuló una quebrada que cruzaba el pueblo, y los de Mayagüez tenían varios usos y tamaños.

Estos túneles han llegado al siglo XXI, no tan solo gracias a los grandes ingenieros militares españoles que los diseñaron y construyeron, sino por la calidad de sus ladrillos. Y es ahora donde involucramos a un tercer vecino del oeste: Cabo Rojo.

En este pueblo, se cocían en hornos a grandes temperaturas unos ladrillos con un barro único de esta área.

Curiosamente estos hornos eran denominados las «pailas de infierno», término popular todavía utilizado para desearle viaje sin retorno a gente indeseable.

Su dueño era Juan Bautista Buyé, hacendado, empresario y hasta alegado pirata, cuyo apellido persiste atado a las playas de dicho municipio, hasta nuestros días.

La alta calidad de los ladrillos caborojeños, como el de la foto superior con las iniciales JBB (Juan Bautista Buyé) y CR (Cabo Rojo), extraído de la casa de Betances en la Sultana del Oeste, los llevó a ser los únicos aprobados por el gobierno para proyectos de gran envergadura, como son los túneles de Mayagüez.

Mi padre relataba episodios de su infancia jugando en el patio central de las ruinas del cuartel español de Mayagüez, donde ahora se encuentra ubicada la antigua escuela superior Eugenio María de Hostos y el correo Miguel Ángel García Méndez.

ladrillos2

Según la narrativa, conociendo el acceso a unos túneles de baja altura y con un cordón colocado por los aguzados muchachos para no equivocar el trayecto, salían por una alcantarilla de la Plaza de Colón, antigua Plaza de Armas.

Muchas casas del casco del pueblo, como el actual Museo Casa Grande, tenían pequeños túneles que podían ser cruzados a gatas. Comunicaban a la Candelaria, el ayuntamiento y otros puntos. Estaban diseñados para en caso de un ataque a la ciudad, poder moverse sin ser descubiertos.

Muchos fueron clausurados por razones higiénicas y de seguridad. El último que vi en su estado original, hace unos años, fue el del sótano de la Casa del Costurero, en la calle Iglesias.

Durante el soterrado del casco en los años 90′ se encontraron más de estos túneles, con obvias funciones atribuibles a uso pluvial, con la sorpresa de encontrar entierros del 1760 en las calles que rodean la catedral.

Con relación a los encontrados en el predio del proyecto para la construcción del futuro estacionamiento multipisos, formaban parte de un aljibe o cisterna de la época y el tamaño de los mismos son considerablemente grandes. Notándose que se cruzaban con una gran bóveda.

Este antiguo aljibe no fue diseñado para suplirle agua a la Academia Inmaculada Concepción, la cual ubicaba en el mismo predio antes de su uso para estacionamiento. Una estructura histórica, diseñada por el arquitecto Luis Perocier, que jamás debió ser demolida.

El aljibe y los túneles descubiertos, pertenecen a una estructura mucho más antigua, con un tamaño considerable.

La intervención del Instituto de Cultura en el yacimiento, agencia ausente en la destrucción de la referida escuela católica en los 90′, era necesaria, debido a que esos túneles están tapados con barro pluvial, que atascan un gran número de botellas, vasijas y otros artefactos del siglo 19, algo que pudiera traer consigo aún más sorpresas o cuando menos, mucho más de qué hablar.

El autor es historiador con sobre 20 años de experiencia en administración de museos, tales como: Museo Eugenio María de Hostos, Museo Casa Grande y Museo Pilar Defilló. Conferencista sobre la función de los museos en la sociedad y sobre la vida de Eugenio María de Hostos.

 

arteanunciocomercioshome
WEEKENDNUEVAISLA1
AC 1
cintillo capilla