Preparan “terreno” para

implosión de industria

cárnica como la conocemos

Solución: Industria carne de laboratorio

jueves 18 de abril de 2024

Después de que el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) publicara en agosto de 2021 un estudio de investigación de su autoría, asegurando que “reducir las emisiones de metano relacionadas con la agricultura sería clave en la batalla contra el cambio climático” y que “las emisiones del ganado, provenientes del estiércol y de liberaciones gastroentéricas, producen aproximadamente 32% de las emisiones de metano causadas por el hombre”, las manecillas del dispositivo de tiempo comenzaron a correr y el futuro de la ganadería y la industria cárnica como la conocemos quedó sentenciada a la paulatina extinción.

A partir de ese momento dio inicio la puesta en marcha de una política global, integrada a la Agenda 2030 y los nuevos postulados de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en torno a la necesidad apremiante de combatir los efectos del calentamiento global sobre la salud de los humanos y animales bajo el lema: “Una sola salud”.

La visión de combatir la emisión de metano se expandió más allá del ganado vacuno, al ovino, porcino y aves de corral.

De hecho, el estudio de la PNUMA incluye el cultivo de arroz con cáscara como contaminante ambiental productor de metano, lo cual pudiera complicar aún más el asedio y efecto de las soluciones sobre la cadena alimentaria y los habitantes de la Tierra.

Según la ONU: “El metano de origen agrícola no solo proviene de los animales. El cultivo de arroz con cáscara, en el que los campos inundados evitan que el oxígeno penetre en el suelo, crea las condiciones ideales para las bacterias emisoras de metano. Este sector representa otro 8% de las emisiones de metano vinculadas a los seres humanos”, reza la publicación de PNUMA.

La ONU también ha identificado el crecimiento demográfico, y la demanda de carne y arroz que este crecimiento produce, además del crecimiento económico global y la migración urbana, como tuétano del problema: “El crecimiento de la población, el desarrollo económico y la migración urbana han estimulado un apetito sin precedentes por la proteína animal y, con una población mundial que se acerca a los 10.000 millones, se espera que esta demanda aumente hasta 70% para 2050”, expone el documento.

O sea, que según la ONU en el informe de PNUMA de 2021, la amenaza al planeta, al calentamiento global y por ende a la salud, recae en gran medida sobre la producción de METANO y las fuentes del problema que hay que resolver, mediante la ralentización y control, son: crecimiento demográfico; crecimiento económico; migración urbana; crianza de animales para consumo humano y producción de arroz en cáscara.

Probablemente a estas alturas de la lectura su mente esté corriendo a velocidad luz, pero lo que va a leer a continuación será aún más impactante.

2024 año de absurdos y ¿Contradicciones?:

Todos conocemos el efecto del dióxido de carbono (CO2) como gas de efecto invernadero. Es decir, un gas con capacidad de atrapar el calor y contribuir al calentamiento global.

Un gas al cual desde hace largo tiempo se le declaró la “guerra” en términos medioambientales a nivel mundial, siendo objeto de importantes tratados internacionales para la reducción de sus emisiones.
Habiendo dicho eso, dejémoslo ahí por un momento.

Sucede que en enero de 2024, la Agencia de Protección Ambiental (EPA) publicó una propuesta de nuevas reglas, que implantó a partir de marzo, para los agricultores criadores de todos los tipos de ganado y aves a nivel industrial, a fin de reducir los niveles de nitrógeno y fósforo en las escorrentías o efluentes de aguas residuales provenientes de las plantas de crianza y procesamiento de carne animal.
Hablamos de nuevas reglas que afectan a 3,879 plantas de procesamiento en todo Estados Unidos, muchas de ellas pequeñas plantas productoras de carne.

La nueva regla obliga a las plantas procesadoras de carne a instalar costosos sistemas de filtración de agua en sus instalaciones, con un costo inicial que ronda los $400,000 y un mantenimiento anual que pudiera sobrepasar los $100,000. Algo que para muchas pequeñas plantas resulta prohibitivo e inclusive, puede significar el cierre de las mismas.

De otro lado, la nueva regla, basada en la demonización del fósforo y nitrógeno, tiene el efecto de aumentar los costos de las carnes que ya atraviesan por una espiral inflacionaria, producto del aumento desproporcionado en el costo de alimentos, medicamentos y mano de obra.

Esta nueva reglamentación y política pública también fue impulsada por el Foro Económico Mundial e implantada en la Unión Europea.

Lo insólito y contradictorio de este asunto es que bajo la nueva regla, la EPA, llamada a establecer y velar por los más altos estándares de protección del medio ambiente, obliga a los agricultores y plantas procesadoras a construir e instalar lagunas y disipadores de biomasa para convertir los “nutrientes” en CO2 y metano, para evitar que estos “contaminantes” entren al suelo y por ende a los depósitos de agua.

Cabe señalar, que el nitrógeno y el fósforo son compuestos bioquímicos naturales, necesarios para la vida, además son nutrientes biodegradables para las plantas. En exceso pueden ser contaminantes.
De ahí a crear mecanismos para convertirlos en un gas invernadero, como el CO2 y el metano, que pasen directamente a la atmósfera, hay un gran trecho que está siendo cuestionado seriamente por un sector de la comunidad científica.

En el expositivo titulado: “Eliminación de Contaminantes Biológicos / Orgánicos”, la EPA incluye y recomienda el “Tratamiento biológico anaeróbico” y expone: “En el tratamiento anaeróbico de aguas residuales, los microorganismos facultativos y anaeróbicos reducen la materia orgánica y la DBO (demanda bioquímica de oxígeno) a metano gaseoso y dióxido de carbono. Los gases pueden liberarse a la atmósfera…”, reza el documento.

La pregunta es: ¿Ahora la EPA ayuda a la industria en la producción de CO2 y al ganado en la producción de metano?

A todo vapor la solución: Carne de laboratorio

La carne de laboratorio, es carne real, de buen sabor y textura, producida a partir de un crecimiento inducido de células madre.

Hablamos de grandes masas de carne producidas en forma de enormes planchas, en un tipo de laboratorio industrial, a las que luego se le da corte y forma según se desee.

La meta es pasar de la actual producción limitada y costosa de cientos de libras a miles de toneladas a bajo costo.

Bajo la política de desarrollo sostenible contenida en la Agenda 2030 de la ONU, la producción de esta carne es vista como potencial fuente primaria de proteína animal a corto plazo.

El calentamiento global ha pasado de ser una situación de hechos a un propulsor de eventos; una bujía creadora, una razón y justificación de cambios apremiantes y permanentes; de creación de leyes, restricciones y política pública, tanto en el ámbito social, como en el económico y salubrista.

Hablamos de un cambio de visión y discurso: De un planeta vivo y saludable, a un planeta enfermo y en peligro de extinción, que requiere de una política global de mano dura y acción inmediata.

La política de “Una sola salud” de la Organización Mundial de la Salud (OMS) se basa en esa visión globalista, con fechas límite y medidas abarcadoras para atender la salud humana y veterinaria, de manera integrada, con dramáticas medidas de control social.

La implosión de la industria cárnica como la conocemos hoy día a nivel mundial, ha dado inicio. Y cada vez serán mayores los obstáculos reglamentarios, los costos de producción y las “amenazas” de enfermedades zoonóticas, que relegarán el biftec o la pechuga natural que usted conoció, a un verdadero lujo, y no sorprendería que a un delito también.

 

El autor es periodista acreditado por el Departamento de Estado de Puerto Rico                                Miembro de la Asociación de Periodistas de Puerto Rico (ASPPRO)
Miembro de la Asociación Nacional de Periodistas Hispanos (NAHJ), Wa.DC