COLUMNA DE OPINIÓN
¿Quién defiende a la
niña huérfana a manos
de don Miguel?


Miles de boricuas se tiraron de pecho en defensa del buen padre que protegió o vengó el alegado patrón de abuso y maltrato al que había sido sometida su hija.
El buen asesino, don Miguel Ángel González Varela, obtuvo el favor de una porción de un pueblo, a mi entender con valores torcidos, quienes vieron con buenos ojos que este señor de 60 años de edad, de manera fría y premeditada, le arrebatara la vida al agresor de su hija, el joven de 21 años, Whisler Jared Rancel Galarza.
Esa porción del pueblo le financió la fianza y se unió en una cruzada, igualmente torcida, a favor del buen asesino, recreando la película imaginaria de que fue lo mejor que había hecho, antes de que el joven terminara matando a su hija. Algo que repitiéndolo muchas veces, llegaron a creerse que era o sería una realidad inequívoca, la cual fue interrumpida por el valeroso acto del buen asesino, don Miguel.
O sea, en la mente y película de este sector de nuestra sociedad, don Miguel mató heroicamente al casi asesino de su hija, y no a un joven padre de una niña a la que como dijo su padrastro «dejó huérfana»; además de una madre y abuela destrozada, alegadamente víctima de un infarto tras la noticia.
Una tragedia provocada por la inmadurez y falta de templanza de dos hombres en los extremos de la escala de edades, con la única diferencia, que el joven está muerto y el asesino podrá continuar degustando chuletas con arroz y habichuelas, y ojalá sea en la cárcel.
La agresión física de un hombre a una mujer es inaceptable. Y el dolor, temor e indignación de un padre, al ver a su hija golpeada por otro varón, debe ser sin duda indescriptible.
Salir armado a buscar al joven para matarlo, en lugar de acudir al cuartel de la Policía, son dos cosas muy distintas, que hacen mentes igualmente muy distintas. En este caso, cambiamos a un agresor por otro, solo que uno de ellos no abusa y agrede, sino que mata.
A los que continúan en la película de que se interrumpió el seguro y garantizado asesinato de la hija de don Miguel, le hago este otro cuento: ¿qué tal si Whisler Jared se enamoraba de otra muchacha y terminaba esa relación tóxica? ¿Qué tal si se arrepentía de sus actos y cambiaba? ¿Qué tal si conocía al Señor y se transformaba en un buen cristiano y hasta evangelista? Todo eso ha sucedido en infinidad de ocasiones, al igual que su película, la cual termina en feminicidio.
Y para los que creemos en Dios, le dejo esta reflexión: el mayor daño que hace un asesino, no es simplemente la muerte física, sino la interrupción de un futuro espiritual. Le arrebata la oportunidad a su víctima de arrepentirse y salvarse, mientras que el asesino inclusive puede experimentar genuino arrepentimiento y alcanzar la salvación.
Volviendo al plano terrenal, al barrio, a la calle, a la chola del pueblo… La pregunta es: ¿Quién defiende a la nena de Whisler Jared?
Nueva Isla no necesariamente, se solidariza con las expresiones vertidas por el autor.
El autor es periodista acreditado por el Departamento de Estado de Puerto Rico
Miembro de la Asociación de Periodistas de Puerto Rico (ASPPRO)
Miembro de la Asociación Nacional de Periodistas Hispanos (NAHJ), Wa.DC


