Siembra de nubes
en Puerto Rico: de lo
práctico a lo tóxico


miércoles 9 de septiembre de 2026
Tras el anuncio de la gobernadora de Puerto Rico, Jenniffer González Colón en torno a la contratación de la empresa Seeding Operations & Atmospheric Research (SOAR) para la «siembra» de nubes en la isla, como alternativa desesperada ante la sequía, el descenso en los niveles de los embalses y el drama humano ante la ausencia del preciado líquido, que a su vez produce el clamor ciudadano y la factura política, muchas han sido las reacciones, opiniones profesionales y también las especulaciones.
Una de las opiniones más interesantes, por llamarlo de alguna manera, fue la del empresario y propietario de SOAR, Gary Walker, quien en el programa televisivo, Jugando Pelota Dura expresó: «Podemos ayudar, pero se necesitan 10 pies de agua en el lago, 10 pies… Creo que nuestras oportunidades no van a ser suficientes en un corto período de tiempo para hacer lo que deseamos… No, no, no hay garantías (de producir lluvia)… Todo depende de cuántas nubes nos dé Dios para trabajar. Tenemos que rezar, hay que orar y orar”, expresó Walker.
¿Qué hay detrás de todo esto?¿Es seguro para la salud como se dice?
La siembra de nubes implica la aspersión de sustancias como yoduro de plata o cloruro de sodio en las nubes, para estimular la formación de gotas de agua y su consecuente precipitación.

Ya en 2015, bajo la administración del gobernador Alejandro García Padilla, se había utilizado esta técnica lanzando yoduro de plata y según los registros, produjo algo de lluvia.
Sin embargo, en esta ocasión, al cierre de esta edición, no está claro si se utilizará yoduro de plata o «solución salina» (cloruro de sodio), como indicó el presidente de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA), Luis González.
Aunque el cloruro de sodio (NaCl) es utilizado para la siembra de nubes, no es tan efectivo como el yoduro de plata (Agl) y hablamos de que este último tiene una efectividad relativa que va del 0% al 20%, según las condiciones climáticas, en donde factores como el viento y la geografía juegan un papel determinante.
Israel estuvo experimentando con esta técnica durante cerca de 60 años (1961- 2020), abandonando sus intentos al nunca superar el 1.8% de efectividad.
Como dato interesante, esta técnica ya había sido propuesta en el siglo XIX por el meteorólogo James Pollard Espy y no fue hasta mediados del siglo XX, que el químico y meteorólogo estadounidense, Vicent Joseph Schaefer llevó a cabo los primeros experimentos.
Como mencionamos, el cloruro de sodio (NaCl) o sal común, es un compuesto bastante inocuo en términos de daño al ser humano, sin embargo, puede tener efectos detrimentales al medio ambiente.
Siendo un cristal altamente soluble, el NaCl puede filtrarse en los cuerpos de agua, y en exceso, puede ser tóxico para la vida acuática, así como afectar la calidad del agua potable.
De igual manera, al caer sobre el suelo puede quemar las hojas y raíces de las plantas, afectando los cultivos y su crecimiento.

El caso del yoduro de plata (Agl) es mucho más complejo y ciertamente, mucho más preocupante.
Hablamos de un compuesto químico, también utilizado en la industria fotográfica y textil, que no es soluble en agua y posee una microestructura de cristales hexagonales o cúbicos, parecidos al hielo.
El Agl es altamente tóxico, tanto para el ser humano, como para la fauna en general, al igual que para las plantas.
Estudios científicos vinculan el Agl como agente carcinógeno. En concentraciones mayores es irritante a los ojos, la piel y las vías respiratorias. La exposición prolongada produce daño hepático y renal. De igual manera, hay vasta literatura del efecto nocivo sobre las glándulas tiroides.
Estudios revelan que el Agl tiene un impacto negativo y en algunos casos letal sobre ciertos insectos. Uno de los afectados son las abejas, cuyo patrón de vuelo y tiempo de retorno al panal se ve afectado, teniendo un efecto detrimental en la polinización.
Este compuesto es el más utilizado y efectivo en la siembra de nubes, precisamente por su insolubilidad, la cual permite que sus cristales no sean disueltos por la humedad y sirvan como núcleos sólidos de condensación alrededor de los cuales se forman gotas de agua que pueden crecer lo suficiente como para precipitarse en forma de lluvia.
La fórmula de Agl que se dispersa en la atmósfera para la siembra de nubes, no deja de ser tóxica, sin embargo, su proporción puede ser tolerada por el ser humano y muchos animales, sin producir daño real o perceptible, en la medida que su efecto acumulativo no se dispare o exceda los límites.
De hecho, el Agl tiene aplicaciones medicinales antimicrobianas, siguiendo ese mismo principio de límite toxicológico y exposición ultracontrolada.
Diversas fuentes aseguran que la siembra de nubes, de manera repetitiva sobre una misma área, puede conducir a un efecto acumulativo de este compuesto.
Existe debate científico en cuanto a la toxicidad por conducto de la siembra de nubes y los niveles de acumulación y eliminación del Agl, de la misma manera en que se repite la historia del cabildeo de la industria para disipar dudas sobre su seguridad.
Es ahí donde comienzan los discursos ambiguos, que muchas veces terminan en revisiones tardías, cuando ya el daño es irreversible.
Un informe reciente de 2024 de la Oficina de Responsabilidad Gubernamental de EE.UU. (GAO, en inglés) expresa: “La investigación existente que revisamos, aunque limitada a un puñado de estudios recientes, sugiere que el yoduro de plata no representa un riesgo ambiental o para la salud en los niveles actuales. Sin embargo, no se sabe si un uso más amplio del yoduro de plata tendría algún efecto sobre la salud pública o el medio ambiente”.
La comunidad científica continúa investigando los efectos a mediano y largo plazo de la siembra de nubes en la salud, la calidad del aire, el suelo y los recursos hídricos.
Así las cosas, afirmar que el Agl y la siembra de nubes no tiene efecto adverso alguno para la salud y sobre los ecosistemas, puede llegar a ser irresponsable y una apuesta peligrosa, especialmente en países sobreexpuestos a contaminantes, como lo es Puerto Rico.
El autor es periodista acreditado por el Departamento de Estado de Puerto Rico
Miembro de la Asociación de Periodistas de Puerto Rico (ASPPRO)
Miembro de la Asociación Nacional de Periodistas Hispanos (NAHJ), Wa.DC




