HISTORIA Y CULTURA
Tan viejo como
cuando Cristy molía


En el pasado siglo XX, cuando un anciano mayagüezano relataba algo histórico de su pueblo, el oyente le ripostaba con la frase: «eso si es viejo ¡eso era cuando Cristy molía!», en referencia a la molienda de caña a base de sangre, es decir impulsados los molinos por bueyes, en la Hacienda Carmelita, allá por el año 1831.
Cristy, un apellido tan cristiano como raíz y base de una de tantas familias francesas que fueron adoptadas en esta ciudad; emparentándose muchos entre ellos: Cristy, Guenard, Cavalliery, entre otros.
La llegada de Juan Bautista Cristy Lange, nacido en Bayona, Francia, creó el principio de la expansión de la finca Cristy en manos de sus linajes y enlaces. Uno de ellos, el terrateniente y reconocido comerciante de la época, Alfredo Cristy Vanell (recuadro superior).
Según datos publicados en el libro “Los Franceses en el Oeste de Puerto Rico”, del profesor Ricardo R. Camuñas Madera: “La producción de la hacienda de Cristy para mediados de siglo (XIX) montaba a 2,500 quintales de azúcar lo que la hacía la décima en producción en Mayagüez”.
Uno de los enlaces franceses de don Juan Bautista, quien sirvió como su padrino de boda con la también francesa, doña Agustina Vanell, lo fue Andrés Guenard, dueño de una finca que llegaba a la actual Estación Agrícola de la UPR, de los parientes Mangual, de la cual emergen los barrios Paris, junto con Barcelona, con sus nombres de ciudades europeas que honraban las raíces de las agradecidas familias en el pueblo que les acogió.
La finca Cristy acaparaba mucho más que el sector y la calle que los honran con dicho apellido tan cristero. Desde el caño Llavat (apellido de familia) hasta la misma plaza de Colón, incluyendo la donación de un parque de bombas (actual centro cultural) a causa del «Gran Fuego» de 1841.
Todo estos datos nos llevan a lo que podría ser uno de los primeros peajes en la Isla.
Y es que la antigua ciudad de Mayagüez se dividía entre el sector comercial de la playa y el pueblo, siendo la finca Cristy el medio y enlace.
La separación, aparte de la correspondiente titularidad, se fundamentaba en lo inundable que eran estas tierras, debido a lo bajo de su nivel freático. Factor inhóspito para el constante tráfico de carruajes a caballo repletos de mercancías.
El único paso libre de humedal y pantano era un viejo puente de madera, con un gran bastón cruzado en su entrada. El mismo era administrado por un joven llamado «Trico».
Trico padecía de hidrocefalia, condición cerebral incapacitante. Sin embargo, tenía la capacidad suficiente para cobrar el peaje e imponer respeto a quien no quisiera tributar su paso.
Hablamos de un muchacho huérfano de madre, tras su fallecimiento en el parto. Y para colmo de males, Trico fue abandonado por su padre, por lo que había sido criado por don Juan Bautista y su esposa, como un hijo más de la familia, al punto de proveerle una educación especial con maestros que iban a la hacienda, debido a que por sus limitaciones no podía aprender en el sistema de educación de la época. Vivió toda su vida en la Hacienda Carmelita, donde alcanzó su adultez y edad madura.
Durante sus años de mozalbete se las buscaba haciendo mandados y tareas simples en la hacienda y sus alrededores, incluída su función en el improvisado peaje del viejo puente.
Cuando doña Agustina enviudó, Trico se mudó con ella a una nueva casa en la calle Méndez Vigo, donde falleció.
Esta y muchas otras, son historias de un siglo 19 muy distante al actual, tanto en el tiempo como en los escenarios y realidades urbanas.
No sabemos el punto exacto, donde ubicaba el viejo puente «peaje» improvisado, en lo que hoy son las inmediaciones del viaducto de Mayagüez, el Parque Suau y el barrio Dulces Labios.
Este último, con su romántico, poético y erótico nombre, del cual en una de estas oportunidades les narraré su procedencia e historia.
Agradezco a la amiga María Elena Cristy D’Brasis, por su contribución a esta historia, y a su hermana María («Mayaya»), por su donación de muebles al Museo Pilar Defilló.
El autor es historiador con sobre 20 años de experiencia en administración de museos, tales como: Museo Eugenio María de Hostos, Museo Casa Grande y Museo Pilar Defilló. Conferencista sobre la función de los museos en la sociedad y sobre la vida de Eugenio María de Hostos.
Tan viejo como cuando Cristy molía


