Creciente temor por aranceles

y deportaciones de Trump

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foto periodista JSG1

viernes 15 de noviembre de 2024

Una cosa es llamarlo y otra es verlo venir, como dice el refrán. Y es que si el presidente electo Donald Trump hace buena su política migratoria y de imposición de aranceles a productos provenientes de China y otros países, tal y como lo ha propuesto, los alimentos, tanto en góndolas como en mesas de restaurantes, tendrán el mismo valor que el oro en sentido figurado. Esto en opinión de los expertos en el tema.

Uno de los factores que contribuyeron a la victoria de Trump fue el disgusto de los electores ante la inflación que vive la nación más poderosa del mundo, incluyendo el renglón de alimentos, en donde el Índice de Precios al Consumidor de octubre reveló que los estadounidenses están gastando un 22% más en alimentos en comparación con enero de 2021, cuando Trump dejó su cargo.

Pero ¿qué sucederá si Trump impone aranceles de hasta un 60% a todos los bienes que ingresen de China y un 10% a los bienes importados del resto de los países?

Ya en 2023, la inflación alimentaria había registrado un alza de más del 8% en muchos de los productos básicos, algo que continuó en espiral ascendente en 2024, por lo que un aumento en los aranceles podría agravar aún más esta situación.

Según los expertos, si no se establecen salvaguardas que excluyan los alimentos, algo bastante improbable partiendo de la idea del presidente electo de establecer dichas medidas arancelarias como respuesta a prácticas comerciales que considera desleales, los consumidores, incluyendo en los ultradependientes mercados de Puerto Rico, recibirían un descomunal impacto al bolsillo, particularmente en lo que respecta a la industria agrícola y la pesca.

Si se implementan estos aumentos, los consumidores podrían ver un aumento severo en el costo de productos tan diversos como arroz, frutas, vegetales y mariscos provenientes no tan solo de China, sino de Vietnam, Tailandia y otros países de Asia.

Hablamos de que los productos alimenticios importados podrían experimentar un incremento de entre el 10% y el 25% por encima de lo que usted paga hoy en su supermercado o restaurante favorito, que de por sí ya roza las nubes, esto dependiendo del tipo de alimento y de su origen.

“Este aumento en los costos podría afectar principalmente a las familias de bajos ingresos, que dependen en gran medida de productos más económicos, como el arroz, el pollo y las conservas de pescado, muchos de los cuales provienen de Asia”, explicó Sarah Johnson, economista de la Universidad de Chicago. “La subida de los precios de estos productos afectaría no solo el poder adquisitivo de los consumidores, sino también la estabilidad de la cadena de suministro alimentaria”, concluyó la experta.

El impacto en la industria agrícola de EE.UU. es incierto y aunque algunos productores estadounidenses podrían beneficiarse de la reducción de la competencia extranjera, muchos de ellos dependen de los insumos importados para la producción de alimentos.

Los fertilizantes y los aditivos alimentarios que provienen de otros países también podrían encarecerse significativamente, lo que generaría una cadena de efectos adversos en toda la economía alimentaria.

«Es un dilema complicado», comentó Bill Lane, presidente de la Asociación de Importadores de Alimentos de EE.UU., «Algunos aranceles pueden tener sentido para proteger ciertas industrias, pero debemos considerar cuidadosamente los efectos sobre los consumidores y la estabilidad de nuestra cadena de suministro.»

mano obra Trump

¿Y dónde dejamos la desaparición de mano de obra barata?

El recrudecimiento de las deportaciones de inmigrantes ilegales en EE.UU. que forman parte central de la política migratoria de Trump, podrían generar un aumento significativo en los precios de los alimentos, advierten expertos en economía y líderes del sector agrícola.

Esta política podría desencadenar una crisis laboral en las industrias clave que dependen de mano de obra inmigrante, especialmente en la agricultura, la cual enfrenta ya una escasez crónica de trabajadores.

El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) ya había intensificado las medidas de deportación durante los últimos meses de la administración Biden, lo que provocó una caída en la cantidad de trabajadores disponibles para cosechar, empacar y procesar alimentos. Imagínese usted el efecto de duplicar o triplicar esta iniciativa. Los inmigrantes indocumentados constituyen una parte significativa de la fuerza laboral en los campos agrícolas de EE.UU., y su salida masiva podría afectar tanto la producción como los costos en toda la cadena de suministro alimentaria.

Impacto directo en la agricultura:

El sector agrícola estadounidense es uno de los más dependientes de los inmigrantes indocumentados. Según el Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA), cerca del 50% de los trabajadores en granjas y campos provienen de la inmigración irregular.

Los productos más afectados incluyen frutas, verduras, uvas, tomates y productos de jardinería, cuyo proceso de cosecha requiere mano de obra intensiva.

De hecho, la reducción de mano de obra inmigrante ya se ha estado reflejando en los precios, sin haber entrado en escena la soga al cuello que propone Trump.

Según la Oficina de Estadísticas Laborales, los costos de los productos agrícolas frescos han aumentado en un 6% en el último año, y los economistas predicen que esta cifra podría incrementarse aún más si las deportaciones masivas continúan. Los precios de los alimentos procesados también podrían experimentar un aumento debido a los costos adicionales de transporte y distribución.

“Si se siguen produciendo deportaciones masivas, muchos agricultores se verán obligados a pagar salarios más altos para atraer a los trabajadores nacionales, lo que aumentará los costos de producción”, explicó Linda Davis, directora de la Asociación Nacional de Agricultores. “Esto se traducirá en precios más altos para los consumidores, especialmente en frutas y verduras frescas”, concluyó Davis.

La falta de trabajadores no solo afectaría la recolección de cultivos, sino también el procesamiento y la distribución de productos alimenticios. Las plantas empacadoras y los centros de distribución también dependen en gran medida de la mano de obra inmigrante para operar de manera eficiente.

No se trata de información alarmista o amarillista, sino de una cuestión de hechos y una proyección absolutamente predecible, consistente con el informe de la Reserva Federal de 2023, el cual indicó que a medida que aumenten los costos laborales, los consumidores pagarán más en los estantes de los supermercados, algo en lo cual ya estamos inmersos.

“La agricultura es solo el comienzo. Si el mercado laboral sigue viéndose afectado por la reducción de la inmigración, otros sectores de la economía alimentaria también verán un incremento en sus costos operativos”, señaló Richard Howard, economista de la Universidad de California.

Y esto es un asunto que pica y se extiende y va más allá de los precios de los alimentos, toda vez que la merma de mano de obra dispuesta y barata que representan los trabajadores inmigrantes, podría poner una presión adicional sobre los pequeños productores y empresas agrícolas, que enfrentan ya la incertidumbre económica derivada de la inflación y la escasez de suministros, por lo que la falta de esta mano de obra podría forzar a muchos no tan solo a aumentar sus precios, sino a reducir su producción o incluso abandonar el negocio.

“Los consumidores verán precios más altos en productos que antes eran accesibles para las familias de bajos ingresos… Además, la escasez de productos podría generar una mayor volatilidad en el mercado de alimentos, haciendo más difícil para las familias planificar su gasto”, indicó Ana Méndez, analista económica del Centro de Estudios Migratorios.

Las tensiones en torno a la inmigración van más allá del aspecto filosófico, demográfico o proteccionista y continúan siendo un tema candente en el Congreso, y los líderes del sector agrícola siguen presionando por soluciones que puedan mitigar el impacto económico de las políticas de deportación.

No hay que ser Nostradamus para vislumbrar que con las deportaciones masivas como pilar de una política pública migratoria, sumado a la imposición de aranceles a productos extranjeros, el precio de los alimentos continuará en orden ascendente, afectando a millones de consumidores en todo el país, particularmente aquellos de bajos ingresos. A no ser que se adopten importantes y sensibles decisiones políticas y fiscales en la nueva administración entrante, ahora con poder decisional completo por parte del Ejecutivo, con Cámara y Senado en manos republicanas.

El autor es periodista acreditado por el Departamento de Estado de Puerto Rico                                Miembro de la Asociación de Periodistas de Puerto Rico (ASPPRO)
Miembro de la Asociación Nacional de Periodistas Hispanos (NAHJ), Wa.DC

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