La traición de Judas
y la razón detrás del falso
«juicio» contra Jesús

Redacción Nueva Isla
lunes 30 de marzo de 2026
La gente lo seguía por diversas razones, siendo sus predicaciones sobre el reino de su padre, con un enfoque de justicia y misericordia, una de ellas, pero no la principal. La gente veía la figura de Jesús con ojos muy apegados a la vida terrenal de su época, sus realidades e intereses.
Veían en el emprendedor, firme, decidido y elocuente joven de 33 años, una potencial solución a su pobreza, necesidad y enfermedad.
Unos se acercaban para ser curados; otros para tal vez beneficiarse de algún milagro como los panes y los peces; otros por pura curiosidad ante la fama de esa prodigiosa figura y otros esperanzados en que aquel joven fuera un líder político emergente que liberara al pueblo de la opresión, precariedad y miseria que se vivía en aquellos tiempos en la región dominada y controlada por Roma, con un grado de autonomía, en manos de ricos y religiosos.
Fue precisamente esa última percepción de Jesús, la que le costó la vida, su liderato, iniciativas, espiritualidad y ejecutorias le valieron el temor, odio y envidia de religiosos y políticos.
Jesucristo tenía en la clase adinerada, en donde también se despaciaban esos mismos políticos y religiosos, otro sector de enemigos, quizás el más peligroso de todos.
Sus predicaciones en contra de acumular riquezas e inclusive dejarlas atrás y seguirlo, además del episodio donde expulsó a los mercaderes del templo, le produjeron los enemigos letales que impulsaron su cruel y «triste» desenlace. Un desenlace que culminaría en su muerte en una cruz de madera en el Monte Calvario, como un mero y vil criminal.
La solución al problema que presentaba Jesús era matarlo.

Antes de entrar en los detalles resumidos de las incidencias de ese miércoles, según las Santas Escrituras, cabe señalar que como todos sabemos en esa época no había radio ni televisión ni teléfonos ni fotografías. O sea, solo los que se pudieran acercar a Jesús en su peregrinaje podían conocer su voz e imagen, por lo cual, siendo las mismas mayoritariamente desconocidas en Jerusalén, sus ajusticiadores necesitaban la certeza del acusado mediante su entrega y captura.
Y eso sucedió en la figura del traidor Judas Iscariote, uno de los 12 acompañantes de Jesús. Un actor clave en su equipo de trabajo, equivalente hoy día al «crew» o «staff» de Jesucristo. Un hombre de confianza, al punto de ser el tesorero o administrador del dinero del grupo.
«Estaba cerca la fiesta de los panes sin levadura, que se llama la pascua. Y los principales sacerdotes y los escribas buscaban cómo matarle; porque temían al pueblo.
Y entró Satanás en Judas, por sobrenombre Iscariote, el cual era uno del número de los doce; y este fue y habló con los principales sacerdotes, y con los jefes de la guardia, de cómo se lo entregaría. Ellos se alegraron, y convinieron en darle dinero. Y él se comprometió, y buscaba una oportunidad para entregárselo a espaldas del pueblo». Lucas 22: 1-6
Judas convino la entrega de Jesús por las conocidas 30 monedas de plata: «Entonces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fue a los principales sacerdotes, y les dijo: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré? Y ellos le asignaron treinta piezas de plata. Y desde entonces buscaba oportunidad para entregarle», Mateo 26: 14-16
El valor (no histórico) de esas 30 monedas hoy día, luce bastante difícil precisar y algunas fuentes lo ubican entre $12 y $60 dólares, otras entre los $90 y $400 dólares y otras en varios miles de dólares.
Como dato interesante, en aquella época se manejaban 4 monedas: siclo, estatero de Antioquias, tetradracma y denario romano.
Es bastante imprecisa la data para determinar exactamente cuál fue la moneda utilizada, pero a juzgar que Judas era tesorero y conocedor de cambio y rendimiento, probablemente negoció en la moneda del imperio romano, el denario.
Sea cual haya sido la moneda y su valor, el efecto de la traición y la infamia fue la muerte física y pasajera de Jesús, quien resucitaría al tercer día; y la muerte eterna para Judas, quien atormentado por el resultado terminó devolviendo y lanzando su botín al suelo, para después quitarse la vida ahorcándose.
La infame negociación de Judas con los sacerdotes y jefes de la guardia, aquel miércoles, dio paso a la entrega y captura de Jesús, así como los días culminantes más emblemáticos de la hoy conocida Semana Santa.




