Traumatismos al ADN

y respuesta inflamatoria

asociadas a vacunas COVID

martes 4 de junio de 2024

Un estudio de investigación publicado en febrero de 2024 en la reconocida revista Frontiers in Inmunology, pone en relieve la magnitud del impacto al ADN que pudieran producir las vacunas del COVID y la respuesta inflamatoria asociada a las mismas.

El estudio, titulado: “Inflamación impulsada por el propio ADN en COVID-19 y después de la vacunación basada en ARNm: Lecciones para patologías no relacionadas con el COVID-19”, liderado por el doctor en ingeniería genética, Martin Heil, hace referencia a sostenidas similitudes entre algunas patologías y la misma reacción inmunitaria e inflamatoria, así como el estrés oxidativo sobre el ADN que producen las vacunas ARNm del COVID en personas que presentan reacciones adversas.

“Las patologías informadas ‘de novo’ para pacientes infectados con el síndrome respiratorio agudo severo por coronavirus (SARS-CoV)-2 como resultados de una inflamación impulsada por el propio ADN, de hecho, se habían relacionado anteriormente con el propio ADN en diferentes contextos, por ejemplo, la infección con el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH)-1, inflamación estéril y enfermedades autoinmunes. Destaco particularmente cómo las sinergias con otros patrones moleculares asociados a riesgo o daños proinflamatorios (DAMP) pueden otorgar propiedades inmunogénicas al ADN propio extracelular normalmente no inmunogénico, y analizo las características compartidas de la unidad gp41 de la proteína de la envoltura del VIH-1 y la proteína Spike del SARS-CoV 2 que permiten que el VIH -1 y SARS-CoV-2 interactuar con membranas celulares o nucleares, desencadenar la formación de sincitios, infligir daño al ADN de su huésped y desencadenar inflamación, probablemente para su propio beneficio. Estas similitudes motivan especulaciones de que mecanismos similares a los impulsados por gp41 pueden explicar cómo el ADN propio inflamatorio contribuye a algunos de los eventos adversos más frecuentes después de la vacunación con la vacuna de ARNm BNT162b2 (Pfizer/BioNTech) o ARNm-1273 (Moderna), es decir, miocarditis, herpes zoster, artritis reumatoide, nefritis o hepatitis autoinmune, lupus eritematoso sistémico de nueva aparición y brotes de psoriasis o lupus”, expone el proyecto de investigación en su abstracto introductorio.

El estudio termina asociando nuevamente, más allá de “especulaciones” y como otros muchos estudios de este tipo, a la proteína pico como el arma humeante detrás de la inflamación sistémica y los efectos adversos ampliamente observados: “La inflamación autopropulsada por el ADN es uno de los factores que contribuyen a la gravedad del COVID-19 y a ciertos eventos adversos posteriores a la vacunación con ARNm del COVID-19… Se detectó el pico (S) en las células endoteliales dentro de áreas inflamadas del cerebro y el corazón de un hombre que murió tres semanas después de recibir su tercera dosis de vacuna con ARNm de BNT162b2 (Pfizer), y en el plasma de individuos que presentaban miocarditis posvacunación… Parece definitivamente posible un escenario en el que la vacunación conduzca a una sobreestimulación de las respuestas inmunitarias innatas posteriores a los sensores de ADNds que generan los efectos adversos mencionados”, indica el estudio.

A tres años de la aparición de estas controvertidas, y a todas luces tóxicas vacunas, pareciera ser que en la comunidad científica conviven dos vertientes: los que adoptan los discursos institucionales por parte de las autoridades sanitarias, basados en un asunto de confianza incuestionable, y los que hacen honor a la naturaleza misma de la ciencia, que es confrontar e investigar hechos, datos y resultados.

Un sector científico está dispuesto a dar algunos pasos de corte empírico y confrontativo, sin abandonar la coletilla tipo “copy paste” que lee: “Los beneficios superan los riesgos”. Algo que entra en el campo de lo subjetivo y la opinión, echando a un lado e invadiendo el derecho a discernir, analizar y decidir del paciente.

El estudio revela que se ha observado un aumento del estrés oxidativo y del número de roturas dobles en el ADN (DSB) en las células mononucleares de sangre periférica (PBMC) de individuos mayores, 24 horas después de la vacunación con la vacuna de Pfizer.

Uno de los mayores problemas que presentaron estas vacunas desde su debut, es su potencial inflamatorio y su compleja reacción autoinmune, que en algunos individuos, por diversas razones y mecanismos, producen una amplia diversidad de problemas en órganos y sistemas asociados a esa inflamación.

“Varias patologías inflamatorias y autoinmunes coinciden entre personas infectadas por VIH-1, pacientes con COVID-19 y personas vacunadas que sufren efectos adversos graves. Según el conocimiento disponible hasta el momento, parece muy probable que estas similitudes sean el resultado de los mismos mecanismos que actúan en los tres contextos… Estudios confirman que la infección por SARS-CoV-2 provoca una reprogramación a largo plazo del sistema inmunológico, particularmente en los macrófagos. Por lo tanto, parece plausible que en los vacunados que tenían una infección antes de ser vacunados, los efectos de la expresión del SARS-CoV-2 (incluido el daño al ADN) ocurrieran en el contexto de una maquinaria de detección del ADN preparada: una situación que puede aumentar fuertemente su efecto inmunogénico”, reza el estudio.

Cabe señalar, que la investigación destaca el hecho de que las políticas de administración de estas vacunas sin cernimiento de casos, en donde ya existía infección previa y reacción inmunológica al SARS-CoV-2, trajo consigo un mayor daño al ADN y mayor riesgo de reacciones adversas graves.
Las reacciones a un tratamiento genético como son estas vacunas, muchas veces no presentan una reacción adversa de proporciones graves de manera inmediata, sino que el daño al ADN y el proceso inflamatorio van desencadenando, de manera paulatina, el recrudecimiento de condiciones preexistentes conocidas o desconocidas por el paciente, así como la aparición de enfermedades sistémicas a mediano y largo plazo. De hecho, cada vez son más los estudios de investigación que asocian este daño celular producido por estas vacunas a tipos de neoplasias agresivas.

“La preparación inmune mediada por el SARS-CoV-2 puede mejorar (aumentar) los efectos proinflamatorios y dañinos para el ADN del CoV-2 S y hacer que ciertas respuestas superen un umbral o punto de no retorno, alcanzando esas dimensiones que vemos en los efectos adversos graves de las vacunas de ARNm basadas en Spike. Incluso los ensayos de vacunas de fase III suelen excluir a personas que muestran inmunidad preexistente, debido a una infección previa, pero las campañas de vacunación incluyeron proporciones significativas de toda la población en un momento en el que muchas personas ya habían pasado por una infección por SARS-CoV-2, y la inmunidad preexistente rara vez se comprobó en estos eventos de vacunación masiva”, reza el documento.

 

El autor es periodista acreditado por el Departamento de Estado de Puerto Rico                                Miembro de la Asociación de Periodistas de Puerto Rico (ASPPRO)
Miembro de la Asociación Nacional de Periodistas Hispanos (NAHJ), Wa.DC